¡Hola!
Soy un chico de 30 y pico años que lleva desde la adolescencia saliendo con otro chico de mi edad.
Él es maravilloso, congeniamos a la perfección, tenemos una relación basada en el respeto, la confianza… Hemos crecido juntos, aceptado nuestra orientación juntos, salido del armario juntos… Compartimos los mismos valores, y en más de 15 años de relación, nunca hemos discutido de verdad, cualquier desavenencia la hemos resuelto hablando y sin pasar a mayores.
En lo práctico, podríamos considerarnos que somos una pareja convencional, salvo por el hecho de ser dos chicos, que cuando empezamos a salir aún se veía un poco raro y aún hoy quedan resquicios de homofobia. Por suerte, nuestra familia y amigos cercanos tienen cero problema y siempre nos hemos sentido arropados.
Tan «convencionales» somos, que llevamos varios años casados y estamos a la espera de adoptar. Deseamos de todo corazón formar una familia.
Hace unos años, un compañero de trabajo de mi chico, con el que nos llevamos muy bien los dos (amigos en común y eso), nos propuso hacer un trío. Nosotros le dijimos que no. Como mi pareja y yo siempre hablamos las cosas de frente, en casa comentamos la anécdota, nos abrimos el uno al otro, y ambos coincidimos en que, aunque el chaval está bastante bien y en nuestra cabeza podía darnos morbo, nos daba la sensación de que en la práctica no íbamos a estar tan cómodos como los dos solos. Que encima ellos dos trabajando juntos, se iba a enrarecer todo… Él mismo me dijo que le daba miedo que yo empezase a rayarme cuando iba al trabajo, y aunque confío en él al 200%, pienso que quizás podría haberme afectado. Lo dejamos pasar totalmente de acuerdo.
El chaval, de vez en cuando, nos lo dejaba caer, que si algún día nos apetecía, él estaría más que dispuesto. Con respeto, siempre en comidas o cenas en un ambiente informal, y como medio en broma, sabiendo la respuesta. Y es que nosotros siempre le hemos respondido lo mismo: que, en principio, no. Y él lo aceptaba apostillando que si alguna vez cambiábamos de opinión, ya sabíamos. Nunca insistía, pero una vez o dos al año lo dejaba caer, recibía la negativa, y la vida seguía.
Mi chico cambió de trabajo (encontró un puesto de lo que había estudiado), y el trato frecuente con el chaval cesó, pero de vez en cuando hacemos alguna comida o cena con esos amigos en común, y siempre ha seguido insinuando que le queda pendiente, que le ponemos mucho y que al mismo tiempo, al moverse en un circulo más abierto, le enternece mucho vernos tan unidos, que le encantaría ver esa complicidad uniéndose a ella…
En todas las ocasiones que lo hemos hablado luego a solas mi pareja y yo hemos dicho lo mismo ambos: que nos da morbo pero más platónico que llevarlo a cabo, pero que si alguna vez uno de los dos quería hacerlo, al otro no le importaría siempre y cuando fuera juntos. Pero que, en principio, veíamos que estando solos nos sentimos muy cómodos, nos conocemos, nos entendemos muy bien en el plano sexual, nos sentimos satisfechos y realizados… Y que sentíamos que mejor como fantasía que como realidad, vaya.
Total, que como dije, estamos esperando la idoneidad para adoptar. Llevamos varios años esperando, con todo el protocolo que implica, y todo parece ir por muy buen cauce. Por experiencias de otras familias adoptantes, creemos que nuestro momento como papás no tardará en llegar. Calculamos que para el año que viene cumpliremos nuestro sueño. No es algo científico, pero los tiempos de espera van más o menos por ahí.
Estamos, obviamente, muy ilusionados, deseando que llegue ese momento, que no sabemos exactamente cuándo será pero que intuimos cercano.
También sabemos, por lógica y por experiencias de todas nuestras amistades que ya son papis o mamis, que la vida va a dar un giro de 180° y que el centro de nuestro universo pasará a ser nuestro hijito o hijita. Lo sabemos y es, de hecho, lo que queremos. Igual que nosotros fuimos el centro del universo de nuestros padres, incluso lo somos hoy en día, de adultos.
Pero el otro día, hablando de esto, de que de alguna manera la paternidad echa una especia de freno a la juventud, salió el tema de cosas que dejaremos de hacer mientras la nueva personita de la familia sea peque: viajes muy largos, salidas hasta tarde, sabemos que el sexo entre nosotros también se verá reducido por su presencia y nuestro cansancio… Y de ahí saltamos a que, una vez que seamos padres, la idea de meter en nuestra cama a una tercera persona ya no tendría cabida.
Y empezamos a plantearnos quedar con nuestro amigo… Que en una cena esta navidad nos propuso hacer una escapadita los tres juntos a Ibiza o Formentera o algo estas pascuas… Y quizás podríamos aceptar y hacer como un descanso de nuestra realidad de dos, vivir unos días diferentes, y no quedarnos con la duda. Pero nos apetece y acojona a partes iguales.
Los pros y contras ya los he puesto a lo largo del texto…
Pros: el chaval nos cae bien y es muy atractivo físicamente y de forma de ser. Tiene bastante morbo y, de verdad, como fantasía hacerlo con él a los dos nos parece guay.
Contras: que dudamos si nos sentiríamos cómodos con alguien más, sabiendo la confianza que tenemos entre nosotros, y nos da palo que uno de los dos quiera parar, y tenemos claro que el otro pararía de inmediato, pero sentimos que no es justo para el otro chaval que le emocionemos sabiendo que ya llevamos hablado de casa que quizás uno de los dos se raye y el otro lo apoye. Y sabemos que no es no, lo tenemos clarísimo, pero también me parece una putada para él.
Y, aunque me da vergüenza decirlo, creo que en el fondo somos un poco chapados a la antigua en eso, o sea, no nos parecen mal las relaciones abiertas, ni los tríos, ni la vida de soltero o soltera, sólo faltaba, promulgamos el «vive y deja vivir», como debe ser… Pero como que no lo terminamos de ver para nosotros, que nos gusta ser dos. Como que no es nuestro palo ser tan abiertos y nos da miedo que, una vez hecho, sentirnos raros. Sobre todo sabiendo que realmente estamos satisfechos con nuestra vida sexual, que no sentimos que nos falte un extra, sino que es un poco pensar que si no lo probamos ahora, luego nos va a costar más animarnos, y una parte de nosotros siente curiosidad.
Bueno, gracias por leer esta turra, espero vuestros consejos, que luego le leeré a mi chico a ver qué sacamos en claro.
Un saludo.
