Una caída me mandó al hospital y me trataron fatal

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    Loversizers on #906254

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    Esta es una de tantas anécdotas de las que a día de hoy me río, aunque en el momento en que aquella noche de sábado empezó a torcerse más y más a cada rato de lo único de lo que yo tenía ganas era de llorar. Y es que no es sólo que me pegase el batacazo de mi vida, sino que hubo gente aquella noche que me trató fatal, a mí y a la gente que venía conmigo.

    Salía yo por aquel entonces con un chico llamado Sergio que tocaba en un grupo de rock, y aquella noche daban un concierto en un céntrico bar de mi ciudad ubicado en la última planta de un centro comercial y al que se accedía por una empinada escalera de madera y unas puertas estilo garito del oeste bien chulas. Al concierto no iba yo sola con mis amigos, sino que también venía mi familia y la familia de él, con lo cual yo tenía claro clarísimo que aquella noche tocaba comportarse y no desfasar demasiado. El concierto estuvo genial, yo me lo pasé de lujo y debo decir que todo el alcohol que tomé fue una cerveza, el resto de la noche estuve a refrescos, en parte porque no quería emborracharme delante de nuestros familiares y en parte porque no me apetecía beber demasiado, la verdad. Cuando acabó el concierto mi chico y su grupo se pusieron a recoger los instrumentos y los equipos de sonido y yo me quedé tomando algo con nuestra gente; sin embargo, al ver a Sergio salir cargado con sus cosas me dio un arrebato de cariño y salí corriendo tras él para darle un beso y un abrazo antes de que se fuera a dejar las cosas al local de ensayo. ¡Ay amigas, para una vez en la vida que yo me ponía tacones! Resulta que me había puesto unos tacones de mi madre algo viejos pero muy cómodos, y al salir corriendo la suela se despegó del resto del zapato, haciendo que me torciese el tobillo y que cayera por las escaleras, con tan mala suerte que me clavé un escalón en la zona lumbar. Conseguí levantarme y salir del pequeño pasillo de las escaleras…para acto seguido caerme de nuevo, sin poder respirar a causa del dolor. Menos mal que mi novio y uno de sus compañeros estaban aún cerca y me vieron, corrieron a socorrerme y avisaron a mis padres. De ese rato la verdad es que conservo recuerdos tan vagos como horribles: mi amigo Juan llamando al 112, mi madre preguntándome si podía mover las piernas y yo moviéndolas con mucho dolor, el dueño del bar contando que raro era el finde que no había alguna caída en esa escalera, dos policías nacionales que se personaron allí porque era el protocolo sin saber muy bien qué hacer, y lo peor de todo, un grupo de chavales asomándose a cotillear mientras una de las chicas del grupo decía ‘’poh vaya mierda, si no hay sangre ni está inconsciente ni ná’’. Yo en ese momento sólo podía pensar que si tuviera fuerzas suficientes me levantaría y la arrastraría de los pelos, os lo juro. 

    Al cabo de un buen rato llegó la ambulancia, y tras comprobar que no me había roto nada me cogieron de los sobaquillos y me hicieron bajar por la escalera hasta el parking. Sí, en el centro comercial había ascensores lo suficientemente amplios como para poder entrar con una silla de ruedas, pero se ve que los señores ambulancieros tenían la noche creativa y se les antojó más divertido hacerme bajar descalza en invierno y sin poder apenas moverme por una escalera exterior. 

    Llegamos al hospital, pasé por triaje y me dijeron que esperase, que en un ratito me llevarían a que me hicieran una radiografía. Y ahí me vi, sola en mitad del pasillo de un hospital durante un ratito que fue una hora que se convirtió en dos y media, sin nadie con quien hablar porque no dejaron entrar a ningún acompañante, no había ningún otro paciente y me estaba quedando sin batería en el móvil, siendo mi único entretenimiento las batallitas que una auxiliar de enfermería contaba en voz bastante alta al resto de sus compañeros. Pasadas dos horas y media (algo más quizás) la auxiliar de los gritos vino a por mí, diciéndoles a los compañeros: ‘’hala, me voy a trabajar un poquito, que los sábados por la noche ya se sabe…’’ a lo que uno de sus compañeros contestó: ‘’ya ves, la gente no sabe controlar y luego nos da la noche’’. Creedme, en circunstancias normales habría contestado, pero llevaba dos horas y media muerta de dolor en mitad de un pasillo, pasmada de frío sin que nadie se hubiera preocupado siquiera de darme algo para calmar el dolor, y encima tenía que aguantar que esa gente que no me conocía de nada y que llevaba las dos horas y media que yo había permanecido allí contando anécdotas me tildase de borracha y me culpase de haber acabado allí, ¡como si a mí me apeteciese estar pasando frío y escuchando sus mierdas en un pasillo!

    Me hicieron una radiografía para descartar daños, vieron que por suerte no había nada aparte de una buena contusión y, ¡adivinad qué! Me volvieron a aparcar en el pasillo. Utilicé la poca batería que me quedaba en el móvil para decirles a mis padres que estaba todo bien y que no sabía qué iba a ser de mí ahora, que me habían vuelto a aparcar por allí hasta nueva orden y que tenía frío, sueño y mucho dolor. No pasó mucho rato hasta que apareció mi hermana, que tenía unos 14 años por entonces, asomándose por la puerta como la pantera rosa, miró a ambos lados y entró con un vaso de café de máquina para mí. No había hecho más que sentarse a mi lado para preguntarme si me habían dicho algo cuando apareció el vigilante, un auténtico gorila, a encararse con ella de malas maneras y a decirle que no podía estar ahí. Mi hermana le miró desafiante y le dijo que se iba a quedar un rato conmigo, que si le parecía bien estupendo, y que si no, saliera a hablar con mis padres. Creo que el tipo no se esperaba semejante descaro de una cría tan pequeña, así que durante cinco minutos nos dejó en paz, eso sí, mirándonos como si fuéramos dos criminales peligrosas en lugar de una chavala dolorida y sola en mitad del pasillo vacío de un hospital y su hermana pequeña haciéndole compañía. Pasado ese tiempo le repitió que debía irse, y allí me quedé otra vez, ya sin noción del tiempo porque no tenía ni móvil ni reloj, con el consuelo al menos de que si no me atendían era porque no me pasaba nada grave. No sé cuánto tiempo pasó hasta que volvió la auxiliar de los gritos diciendo entre risas: ‘’¡Hale, a dar otro paseíto a nuestra amiga, a ver si desfasamos menos para la próxima!’’, a lo que ya no pude contenerme y le contesté: ‘’eso, a trabajar un poquito y a prejuzgar algo menos, lista de tu pueblo’’. Por lo que sea mi respuesta no les hizo tanta gracia ni a ella ni a sus compañeros y estuvo calladita hasta que me dejó a la puerta de una consulta. Una vez allí me atendió una doctora, muy seria pero amable (cosa que, después de la rachita que llevaba, me sorprendió), y tras revisar la radiografía, palparme un poco y hacerme unas preguntas mandó que me inyectaran un relajante muscular que me dejó medio grogui y me dijo que me iba a mandar unas pastillas para el dolor que debía tomar durante los siguientes cinco días. Cuando me sacaron de allí iba medio adormilada, con lágrimas de dolor y de tristeza y con los pies helados, hecho en el que reparó el auxiliar que me llevaba, quien me miró con muchísima ternura y me dijo: ‘’pero bueno, ¿cómo que vas descalza?’’, me dejó allí un momento y volvió con unos patucos de estos de hospital, que no es que quiten el frío lo más mínimo pero al menos el hombre tuvo ese detalle conmigo y me sirvieron para protegerme un poco al levantarme para montar en el coche de mis padres.

    A día de hoy es una anécdota sin más, pero lo pienso y joder, cómo dolió todo, y no me refiero sólo al golpe: la individua que quería verme medio muerta sólo por morbo, los de la ambulancia llevándome como un guiñapo, el personal del hospital criticándome (¿y qué si hubiera ido borracha?), el vigilante tratándonos de mala manera…aquella noche me sentí poco más que un trapo sucio, y menos mal que no fue nada grave. Suerte que hay también personas maravillosas, pero estaría bien que algunos sanitarios recordasen que tratan con seres humanos, no con muebles del Ikea.


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    Raquel
    Invitado


    Raquel on #906380

    Madre mía qué experiencia, pobre , leyéndote y leyendo la descripción del centro comercial y el bar y no solo eso sino del hospital creo que sé de dónde eres. En donde yo vivo hay un centro comercial (el nuevo centro ejeej ) y ahí en la última planta hay un bar estilo oeste . Y el hospital de aquí es una verdadera vergüenza cómo tratan a la gente así que no me extrañaría nada que fuese este hospital. Siento que tuvieras que pasar por algo así, yo les pondría reclamación al hospital o al menos un comentario en Google porque vamos es que vaya manera de tratar a los pacientes. Un saludo 😊

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    Maria
    Invitado


    Maria on #912492

    A veces la falta de empatía de algunos profesionales deja mucho que desear. Un familiar mío salió de fiesta, nunca en su vida había bebido, fumado, no le gustaba de hecho.. Esa noche se metió en una pelea para defender a un amigo, uno de los chicos le dio un puñetazo y se cayó hacia atrás quedando inconsciente en el suelo. Cuando llegamos a urgencias las auxiliares estaban comentando: «Eso pasa por salir sin controlarse de fiesta, bebiendo y drogándose», hacían risas de la situación hasta que se dieron cuenta que nosotros estábamos allí. 2 días después de estar en la UCI el falleció debido al golpe en la cabeza. Hay profesionales buenos, pero hay otros que mejor tenían la boquita cerrada y no prejuzgar tanto.

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