Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola les escribo más para desahogarme que para recibir consejos o reprimendas.
Hace dos años, por la presión de mi pareja que es español dejé todo en mi país. Carrera, un trabajo buenísimo, familia, amigos. Todo, porque él decía que aquí estaríamos muchísimo mejor.
Tenemos dos hijos en común y yo tengo uno mayor. Además, cuido de mi padre anciano. Tuvimos que venir todos, porque obviamente no podía dejar a nadie atrás.
Estos han sido los dos años más horribles de mi vida. No juzgo al país, el país es precioso y, como todos tiene sus problemas. Pero a nivel personal, me siento completamente perdida. No encuentro trabajo, han ninguneado mi carrera y mi experiencia, no logro hacer amistades y mi padre no se acostumbra. Aunque mis hijos estén bien, yo no lo estoy.
He buscado empleo en cualquier sector, incluso en limpieza. Pero nada.
Y la familia de mi esposo… es rara. No incluyo a sus padres, porque ellos sí son maravillosos. Pero los hermanos son muy distantes. No me siento incluida. Sus sobrinos no me llaman “tía”, solo usan mi nombre, mientras que a los esposos de sus otras tías sí los llaman “tío”. No saludan a mi padre, lo ignoran completamente, y eso duele mucho.
En resumen: me siento muy sola.
Y mientras tanto, mi marido está feliz. Tiene un buen trabajo, está con su familia, lo miman, y cada día avanza más. Pero yo siento que entre nosotros hay un abismo cada vez mayor.
Intento estudiar, avanzar, no ser una carga. Pero cuando le expreso alguna queja, se enfada. Me dice que aquí tenemos todo y que estamos bien.
Me duele que el dinero no alcance. Me duele tener que pedirle dinero para mí o para los míos, cuando antes me bastaba con lo que ganaba trabajando.
Encima tengo una angustia terrible: ¿qué pasaría conmigo y con los míos si lo dejo? No tengo dinero. Me gasté todos mis ahorros al venir y establecerme aquí.
Tengo una depresión funcional. Y me siento sola.
Gracias por leerme.
