En realidad parte de este texto no lo escribí para compartirlo. Lo hice para mí como desahogo, pero hoy he pensado que si alguien en una situación parecida a la mía lo lee, puede sentirse menos sola hoy en su guerra personal.
Hace un año, después de un par de sucesos negativos en mi vida, me vi metida de lleno en la ansiedad. Así sin más, de sopetón y sin previo aviso. Empecé teniendo varios síntomas de los cuales yo no era consciente hasta que algunos de ellos empezaron a afectar en mi vida diaria. Tomé la difícil decisión de ir a mi médico a contarle lo que me pasaba, me dijo que tenía ansiedad y me dio una medicación para tratarla. Sentí alivio al pensar que ya todo había acabado sabiendo oficialmente lo que tenía y medicándome para ello. Error, todo había hecho nada más que empezar.
En cuanto salí del médico le conté a mi pareja y mis padres lo que tenía, a ellos era a los únicos que les había hablado de mis síntomas. A todo el resto del mundo me daba un miedo atroz contárselo. ¿El motivo? El afán que tenemos todos de criticar, juzgar y hablar de cosas de las que no tenemos ni idea y por las que nunca hemos pasado. Fui al psicólogo privado, al público mi médico nunca me envió porque había mucha lista de espera, esas fueron sus palabras… Fui durante aproximadamente diez sesiones, dejé de ir porque me suponía un gran gasto al mes que no podía seguir soportando, aunque me gustaría poder seguir acudiendo a él. ¿Me ayudó? Sí. Ya el simple hecho de poder contarle a alguien lo que sientes sabiendo que no vas a ser juzgada ayuda. A día de hoy intento llevar a cabo las pautas que él me recomendó y la verdad es que me hizo el camino un poco más fácil.
¿Qué me pasó al dejar de ir al psicólogo? Que empezó mi verdadera guerra personal contra mi propia mente. Hasta entonces, yo sabía que estaba librando mi propia batalla, pero tenía al lado a un profesional que me enseñaba como defenderme y atacar a la vida para poder salir victoriosa. Ahora ya no, ahora estaba sola aunque todavía no fuera del todo consciente de ello.
Le conté a mis amigas lo que me pasaba, algo que me costó hacer aunque tenía ganas de que supieran de mi situación. Pensé que iba a sentirme menos sola, y pasó todo lo contrario. Son unas amigas estupendas, pero el problema que creo que hay en esta sociedad es que no se sabe qué conlleva tener una enfermedad mental. Como los trastornos mentales son invisibles para los que no los sufren, tengo la sensación de que los demás se olvidan que están ahí, dentro de la cabeza de la gente que las sufrimos.

¿Por qué digo esto? Porque desde que la familia de mi pareja se enteró, nunca me han preguntado que tal estaba, al contrario. Lo que han hecho es echarme en cara que no haya querido hacer con ellos ciertos planes en mis días malos. Desde que les conté a mis amigas que iba al psicólogo porque tenía ansiedad, tampoco han vuelto a preocuparse por el tema ni preguntarme nada sobre él. Es más, han hecho una amiga nueva por la que siento que me han cambiado, haciendo planes con ella y conmigo no, creando un grupo de whatsapp por el que hablan todos los días en el que yo no estoy, y pasando sin hablar conmigo hasta semanas enteras, si habla alguien tengo que ser yo. Además de querer que yo les apoye en sus problemas y me implique (cosa que yo sí que hago) cuando ellas en una año no lo han hecho conmigo.
Por favor, si alguien os confiesa que tiene un trastorno mental, apoyadle. No es fácil confesar algo así en la sociedad que tenemos hoy en día, es un paso que cuesta trabajo dar, por lo menos a mí. No hace falta estar todos los días preguntando al otro que tal lleva el tema y estar encima las 24 horas del día. Pero una vez cada un par de meses escuchar de alguien cercano un “¿Qué tal llevas la ansiedad?” te hace sentir menos solo.
Es una batalla dura contra tu propia mente en la cual es muy sencillo rendirte porque es el camino más fácil. Te sientes sólo por muy acompañado que estés, porque nadie puede meterse en tu cabeza para pelear contigo, y todo el trabajo tienes que hacerlo tú en uno de los peores momentos de tu vida. Por lo que si además de eso, ves que estás verdaderamente sólo y que tu vínculo cercano ni se preocupa por tu salud, la lucha se hace verdaderamente difícil.
Cuando nos enteramos que alguien tiene cáncer, neumonía, fiebre, lupus, gripe, artritis, el famoso coronavirus, o cualquier tipo de enfermedad, siempre se pregunta a la persona afectada que tal se encuentra. ¿Por qué no hacemos eso con los trastornos mentales? Es algo que nunca entenderé.
Desde aquí quiero decir y recordar a todas las personas que sufrís ansiedad o depresión, que hay personas que os entendemos y estamos pasando por lo mismo que vosotros. Que por muy solos que nos sintamos, si buscamos una mano amiga en cualquier parte del mundo aunque sea vía online, la vamos a encontrar, por ejemplo en este foro.
Y por último quería dejaros con una de las mejores frases a las que me suelo agarrar en los momentos más bajos:
“En la vida van a venir momentos malos, donde van a aparecer muchos pensamientos negativos juntos. En esos momentos, tengo que aguantar todo el tiempo subida al caballo hasta conseguir domarlo.”