¡Hola! Escribo esto no se si como desahogo, no sé si buscando consejo, no se si para poner por escrito mis pensamientos…
Me quedé viuda hace año y medio. Con 36 años, un niño que aun no había cumplido los dos y una hipoteca recién firmada. Con un proyecto de vida y de futuro, la vida me dio la mayor de las hostias. Tuve 8 meses para hacerme a la idea de que mi marido se iba, y aunque no queríamos ver el final, sabíamos, o mejor dicho yo sabía, la realidad de la situación. A él jamás fui capaz de contarle lo que me dijo la jefa de oncología el día que nos dio el diagnostico definitivo. ¿Cómo se le cuenta a una persona que va a morir? ¿Cómo se le cuenta aun recién estrenado padre que no va a ver crecer a su hijo y que su hijo apenas va a recordarlo porque es demasiado pequeño?

Muchas veces me pregunté, ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué a esos padres que apenas 4 años antes habían perdido a otro hijo? Y solo pedía tiempo, tiempo para estar a su lado, tiempo para ver crecer a nuestro hijo juntos, tiempo para que mi hijo recordara a su padre sin yo tener que contarle. Solo pedía tiempo para que pudiera llevarlo su primer día de guardería de la mano, porque lo viera en su primer festival de navidad, tiempo para verlo crecer. Pero ese tiempo se acabó, se fue antes de que todo eso pudiera ocurrir.
Recuerdo el primer día que llevé a mi hijo a la guardería, cuando lo dejé y di la vuelta de camino a casa lloré, lloré mucho. No por el hecho de dejar a mi hijo en la guarde, lloré porque el no estaba a nuestro lado y nos hacía mucha falta. Lloré por todo ese tiempo que le había pedido a la vida y que no se nos había concedido.
Y sigo llorando, pero también sigo viviendo. Porque el mejor regalo que me ha dado la vida (y todos pensareis que es un hijo suyo, que por supuesto es así) ¡es seguir viva! Yo sigo viva pese a todo, sigo queriendo ver cosas, descubrir personas, seguir riendo y por supuesto quiero volver a ser feliz. Porque solo tengo una vida y debo vivirla, porque me lo debo, porque se lo debo, porque mi hijo merece una madre feliz que le acompañe en todas las etapas de la vida.
¿Y porqué os cuento todo esto? Porque he conocido a alguien y estoy acojonada. ¡Acojonada por todo! Porque me da miedo enamorarme y sufrir, sufrir mas de lo que lo he hecho estos dos últimos años. Porque me da miedo acabar pillándome de alguien con el que sé que solo habrá sexo (porque así lo hemos hablado), porque me da miedo perder el tiempo con alguien que encima es mas joven que yo y al que sé que jamás le podré dar lo que él espera (si esto llegara a algo más). Me he planteado decirle que no quiero volver a verle, que esto se queda aquí. Ahora mismo mi cabeza va a mil por hora, lo mismo pienso que quiero dejarlo, que lo mismo pienso que quiero seguir conociéndolo, que al rato pienso que cojones estoy haciendo, que quiero volver a verlo o que me escriba, me diga alguna tontuna y reír, porque ante todo me hace reír como hacía mucho tiempo no hacía…
Y por otra parte pienso, vive, disfruta y si mañana te toca llorar ya lo harás. Y me da miedo volver a la rueda en la que estaba antes de conocer a mi marido, de relaciones vacías, sin sentido, de sentirme utilizada cada fin de semana… Aquí la valiente, la echada para adelante, la que nunca vio el abismo ahora tiene miedo. ¿Cómo se supera ese miedo? ¿Cómo se aprende a querer de nuevo? ¿Cómo se vuelve a confiar en alguien? ¿Cómo se es feliz de nuevo?
Gracias por leerme.