Hace un año quedé por Tinder con un chico con el que conecté muchísimo. Empezamos a vernos casi todas las semanas y la cosa parecía haber fluido bien entre nosotros.
Desde el principio él me contó que trabajaba en un restaurante y que era el jefe de cocina. Me comentó varias veces el nombre del restaurante, lo busqué por cotillear y la verdad es que no lo conocía porque es un lugar muy de postín, de esos a los que yo no me puedo permitir ir.
El tema quedó ahí, de vez en cuando me hablaba de su trabajo, de los platos que tenía pensado preparar, de lo mucho que le gustaba liderar un equipo… y sobre todo de lo mucho que ganaba en su puesto. Yo soy dependienta de una pequeña tienda de moda y alucinaba con todo lo que me contaba. Siempre me quería él invitar a todo, yo no lo dejaba, pero al final cuando proponía ir a algún sitio caro pues yo sola no podía pagar.
Seguimos adelante, seguimos quedando, y lo que os digo, una relación de pareja de lo más normal. Le presenté a mis colegas, él siempre tenía que venirse desde un pueblo cercano porque no vive en mi ciudad, y a todos les pareció muy buen chico. Con el paso de los meses pensamos incluso en poder vivir juntos en mi ciudad, él dijo que no tendría problema en conducir cada día una hora hasta su curro.
Bueno, pues hace unos quince días fue su cumpleaños. Quería darle una gran sorpresa, así que sin decirle nada me planté a mediodía en el restaurante en el que trabajaba. Había reservado una mesa a nombre de otra persona, y mi idea era sentarme a comer y preguntar por el chef para que me viera allí y alucinara.
Antes de pedir la comida pedí dos copas de champán y pregunté si podrían avisar al chef, que quería darle una sorpresa. A los dos segundos salió por la puerta de la cocina un hombre vestido de cocinero, un señor mayor, con barba, vamos, ese no era mi novio… Se acercó a mí y me preguntó si podía ayudarme. Le dije que estaba buscando a Adrián (que no es su nombre real), el chef, que era mi pareja y quería darle una sorpresa.
Al rato mi chico salió hacia el comedor, vestido de cocinero, sí, pero con cara de preocupación. Me pidió que saliésemos fuera y entonces empezó a contarme que no tenía que haber ido allí, que no quería perderme pero que me había mentido, que él es lavaplatos en la cocina, que su sueño es ser chef pero que todo era mentira. Muerta de vergüenza y súper enfadada me volví a subir al coche y me largué sin decirle nada.
Por supuesto, lo he dejado y le he dicho que no quiero saber nada más de él. Él me escribe y dice que está enamoradísimo de mí, que me necesita a su lado, pero yo ya no confío ni un poco en él.
¿Le daríais otra oportunidad? Yo también lo quería mucho, pero esto solo me ha demostrado que es un mentiroso asqueroso. Lo estoy pasando fatal, en serio.