Hace unos días leí un post de una chica que su novio le había dicho que quería que su hija viviera con ellos y ella no quería, me indigné tanto que he querido contaros mi historia.
Me llamo Clara, tengo 46 años y hace unos meses me casé con el hombre más genial del mundo. Nos «conocemos» de toda la vida porque somos del mismo pueblo, pero creo que no fue hasta hace 10 años cuando hablamos por primera vez. Y conectamos tanto que a los tres meses ya estábamos viviendo juntos. Es la persona más sana que me he encontrado, y creo que nos hacemos bien.
La verdad es que desde el principio todo fue fácil con él, pero hace 3 años la vida nos sorprendió.
Un jueves por la tarde recibí un mensaje en instagram de una mujer diciendo que tenía que hablar conmigo, bueno más bien con mi novio pero que como él no tenía pues que me pusiera en contacto. Se lo comenté a él y se sorprendió porque si la conocía pero de hacía muchos años. Por abreviar, vivía en otra ciudad y tuvo un rollete con una compañera de trabajo mientras ésta estaba en crisis con su marido. Aquello no duró nada más que un par de polvos porque ella se arregló con su marido y mi chico cambió de trabajo.
Tras pensarlo un poco, le pedimos el número y mi chico le llamó, y entonces vino la bomba, creía que su hija era de mi chico. Dijo que siempre pensó que la peque era fruto de la pasión de la reconciliación con su marido pero cuando éste enfermó a causa de una enfermedad genética y tras un estudio la niña no lo tuviera empezó a pensar que quizás había otra posibilidad. No quiso decir nada por la enfermedad pero ahora que su marido había muerto quería esclarecerlo.

Total, tres meses, muchas dudas y varias pruebas de ADN después mi chico tenía una hija de 14 años. Él que a sus, entonces 45 años, jamás se había planteado tener hijos.
Aquella mujer y su marido habían educado a una chica simpática, respetuosa, independiente y muy cariñosa que se tomo la noticia de una manera casi más adulta que los propios adultos pero al fin de cuentas Isabel no era más que una adolescente que acababa de perder a su padre y ahora se enfrentaba a que no era su padre biológico, y que el biológico vivía en otra ciudad con otra mujer. No diré que ha sido fácil encajarnos y lidiar con una adolescente pero sabemos que ha valido la pena cuando hace unos meses fue ella quien llevo a mi chico al altar.
No era lo que teníamos planeado, Isabel apareció de repente, pero jamás se me ocurrió ni se me ocurriría separarle de su «tito».
Aún nos queda mucho por aprender y luchar, pero juntos seremos más fuertes.