Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Siempre he pensado que mi hijo era tímido. Le cuesta hacer amigos, no se lanza a jugar con otros y siempre se queda cerca de mí. Me daba pena e ntentaba animarle. Le decía anda, ve con ellos, juega, que seguro te lo pasas bien.
Y el otro día en el parque por fin un niño se le acercó. Le ofreció una pala. Mi hijo la cogió, la miró… y le dijo no, tú no y lo empujó con la pala en la mano.
Me quedé helada.
No fue una gran bronca. No fue agresivo en plan bestia.
Y no supe qué me dolió más: si la cara del otro niño que no entendía nada, o la sensación de que mi hijo no es como yo pensaba.
Le regañé, claro. Pero me quedé removida.
¿Y si no es que le cuesta hacer amigos, sino que no le interesa tenerlos? ¿Y si tiene algo más detrás? ¿O simplemente fue un mal momento?
Desde entonces le observo diferente. Y me siento una madre mala por no saber cómo actuar.
