Buenos días, chicas, es la primera vez que público en el foro. Es un tema un poco delicado para mí, y ya lo he compartido con mis amigas y mi psicóloga, pero siento que tengo que comprarlo otra vez de alguna manera.
Durante la pandemia me empezó a gustar mucho un chico, vamos a llamarle Peter. Él llevaba ya un tiempo deprimido, hasta el punto de que se llegó a intentar suicidar. Aunque en ese momento no éramos «amigos», sólo compañeros de clase, sentía que, por pura empatía y decencia humana, debía ayudarle, y empezamos a ser amigos.
En los tres meses que estuvimos encerrados hablábamos todos los días, hacíamos Skype, planes para el verano, etc. Total, que para cuando empezamos a vernos, yo notaba que se comportaba distinto conmigo, respecto a antes y respecto a otras chicas que conocía; todo el mundo me decía que estaba hasta las trancas por mí, pero yo no me lo terminaba de creer. Incluso en un pequeño viaje a una casa rural que hicimos con unos compañeros de clase se notaba la tensión sexual que había entre nosotros.

Seguimos quedando y, finalmente, me preguntó si yo le gustaba, le dije que sí, y yo también le gustaba a él. Pero, oh oh, esto lo hablamos justo el día antes de que se fuera de Erasmus. Sin embargo, quisimos aprovechar la coyuntura: a él el cambio de aires (y de país) le iba a sentar bien después de la depresión, y yo estaba empezando a ir al psicólogo por traumas que llevo arrastrando desde niña. Así pues, podíamos seguir hablando y haciendo videollamadas, pero esperaríamos a ver en qué clase de personas nos convertiríamos antes de empezar una relación.
Yo sabía que me arriesgaba a que probablemente no nos gustará las personas en las que nos habíamos convertido después de este tiempo. Pues bien, ha pasado: ya no me gusta, y me he dado cuenta meses antes de su vuelta. Anoche hicimos videollamada y no le reconocía: me dijo que había descubierto que era bisexual, lo cual no cambia nada de él, pero sí que me dio a entender que ha estado mantenimiento relaciones con chicos, chicas, y de todo. También me ha dado a entender que en el Erasmus está haciendo cosas que «nunca se ha atrevido a hacer en España», y esa actitud de moralidad ambigua en el extranjero no me gusta, y tengo miedo de que en su estado mental se meta en drogas.
Se lo dije anoche en la misma llamada: que ya no me gustaba, y que no quería mantener una relación afectiva de ningún tipo con una persona así. Podíamos seguir siendo amigos, pero no podía ofrecerle nada más. Le chocó bastante pero lo respetó, aún así me ha dicho que esperemos a que vuelva para hablar las cosas. Podemos hablar todo lo que quieras, le digo, pero mi decisión está tomada.
Realmente, nunca hemos sido muy formales, pero todo este tiempo me ha estado diciendo que no quería estar con otra chica que no fuera yo, así que perdón por malinterpretarlo.
Cómo veis, siempre he tenido muy claro lo que quiero y lo que no, y aunque literalmente todo mi entorno me apoya y me da la razón, no puedo evitar sentirme egoísta, o «poco moderna». He pasado la noche en vela, sabiendo que he hecho lo correcto pero con el corazón roto.
Muchas gracias por leerme, y siento el parrafazo. Os deseo un buen día.