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    Guía básica para sobrevivir en una residencia de monjas

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    Puede que ahora mismo estés pensando que tu vida es una mierda: tus padres te han obligado a ir a una residencia de monjas y tu mundo se va a la mierda por momentos. Tú que pensabas que ahora venía lo bueno, que por fin ibas a desfasar todo lo que quisieras y que las malditas normas de tu casa, al irte a estudiar fuera, se habían acabado. Lo ves todo gris, incluso negro, como el hábito de estas señoras que te van a poner toque de queda desde el momento que entres por la puerta.

    Estás jodida. O no. Puedes pudrirte en la mierda y flagelarte o disfrutar como la que más y que todo aquello que ahora ves como una mierda gigantesca se convierta en algo súper divertido que no olvidarás jamás. Yo opté por la segunda opción y a día de hoy no cambiaría mi vida de aquellos años en la resi por nada del mundo. Eso sí, tuve que aprender rápido.

    Atiende:

    1. Sus favoritas siempre van a ser las que vayan a misa y como sean de las que lean, ya ni te cuento.

    2. Si eres gorda como yo, olvídate de repetir. La monja que sirve la comida probablemente sea prima hermana de la directora del cole de Matilda, así que intenta llevarte bien con ella. Los días que haya pizza te darán el trozo más pequeño, los días que toque acelgas el plato más grande será para ti. Haz oídos sordos a sus comentarios y rodéate de amigas divinas que vayan a repetir por ti. Nunca falla.

    Así, pero con hábito

    Así, pero con hábito

    3. Olvídate de tu vida sexual dentro de esas paredes. Probablemente los hombres sean satanás y el único que veas por esos pasillos sea el de mantenimiento. En mi resi una vez se coló uno y el pollo que se montó fue digno de aparecer en las escrituras. Hazte colegui de amigos con pisos y que viva el amor libre.

    4. El maldito toque de queda será tu peor enemigo. Envidiarás con todas tus fuerzas a tus compis de uni que viven en un colegio mayor de esos que tienen portero 24 horas y puedes llegar cuando te de la gana. Probablemente tu resi la cierre a las 11 y con suerte los findes se queden haciendo guardia hasta las 3. El truco está en darlo todo hasta las 8 de la mañana y adiós problemas. Eso o quedarte a dormir en casa de alguna amiga.

    5. No se puede fumar, pero chica… la vida social que se hace en la calle no está nada mal. (Vale sí, lo de abrir la ducha con el agua caliente a tope también funciona)

    6. Lo mismo van a darte las buenas noches. Jurado. Y hay días que se agradece, pero la mayoría de ellos no te hace ninguna gracia abrirle la puerta a la monja de turno que lo único que quiere es cotillear y ver que todo está en orden. Siempre puedes hacerte la dormida y no abrir la puerta.

    7. Sí, son cotillas. Muy cotillas. Se van a saber tu calendario de exámenes al dedillo aunque tú no se lo hayas contado. Se enteran absolutamente de todo. Ojo cuidao que este es el punto más peligroso. Cuentan las malas lenguas que a veces hasta te revisan la habitación cuando sabes que no están, incluso las bolsas de la compra para evitar contrabando de alcohol.

    8. Los viernes tocaba tortilla de patatas y sopa, los martes lentejas. Menú cerrado. Olvídate de manjares y dile hola a la comida de supervivencia. He comido más vasitos de arroz precalentados al micro que en toda mi vida junta. Vas a descubrir que no están tan malos.

    En tu armario vas a tener más comida escondida que ropa

    9. Todos los mensajes se dan por megafonía. Si hay misa, aviso por megafonía. Si te llaman tus padres al teléfono común (¿quién coño llama a esos teléfonos?), aviso por megafonía. Si viene la tuna, aviso por megafonía.

    10. Sí, la tuna sigue existiendo. Es el máximo umbral de fiesta y jolgorio que pueden superar así que chica, aprovéchalo y riéte de la situación. Aquí la vergüenza se pierde al momento. Cuenta la leyenda que hay tunos de lo más mono.

    11. En mayo estás jodida. Y no, no es por lo exámenes, es porque es el MES DE LA VIRGEN. Eso significa el triple de misas, el triple de ofrendas flores y no sé por qué, el triple de pesadez.

    12. Prepárate para recibir todo tipo de comentarios acerca de tu indumentaria. Si llevas piercings o tattos te van a repetir mil veces que estás mucho más guapa sin eso ahí colgando y como te vean muy despechugada se van a preocupar muy seriamente por tu salud. A ti, plin.

    Quizá todo este shock sea más leve si vienes de un colegio de monjas como era mi caso, pero es que aún no te he contado lo mejor: las amigas que allí hagas se convertirán en tu familia por siempre jamás, los malos días siempre se pasan en compañía, la posibilidad de fiestas de pijama cada noche es infinita y esas cuatro paredes que tanto te agobian hoy se convertirán en tu hogar. Hay monjas buenas, majas, algunas hasta te dan bolis de la suerte para aprobar exámenes. Se van a preocupar por ti, te van a llevar la cena a la habitación cuando la fiebre no te deje ni caminar y si algún día pierdes el bus no te van a dejar en la calle.

    Quizá sigas pensando que hubiese sido mucho mejor acabar en un piso de estudiantes living la vida loca pero créeme, la vida va de vivir en experiencias y tú tienes ante tus manos una muy chachi y muy divertida. Que tus prejuicios no nublen tus ganas de pasarlo bien. Y en el peor de los casos, serán solo un par de años. NADIE AGUANTA MÁS DE TRES EN UNA RESIDENCIA DE MONJAS.

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Beatriz Emperatriz

    Entre píxeles y fotogramas vivo aunque estudié para juntar letras. Fan del color verde y de las composiciones armónicas. Queso del que se muerde no, gracias.

    

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