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    Hamilton, los niños se ponen lo que les da la real gana

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    El machismo no descansa ni en Navidad, y si no que se lo pregunten a Hamilton, piloto de Fórmula 1 para quien no le conozca, que se ha coronado con un comentario vomitivo dónde los haya.

    Resulta que el día de Nochebuena, este señor subió un vídeo a Instagram en el que se podía ver a su sobrino vestido de princesa, agitando su varita y luciendo el modelito, algo que atacó la frágil masculinidad del piloto, quien se grababa a sí mismo diciendo “estoy muy triste, mirad a mi sobrino”. Después, le preguntó con sorna al niño que por qué había pedido eso por Navidad, a lo que él respondió “porque es bonito”. Hamilton coronó el vídeo diciendo que “los niños no se ponen vestidos de princesa”.

    A ver como te lo explico, majo. Los niños se ponen lo que les da la puta gana, para empezar. Si tu sobrino se quiere vestir con un tutú rosa, no eres nadie para juzgarlo. En primer lugar porque no eres su padre, y en segundo lugar porque, aunque lo fueras, la felicidad de un niño está por encima de cualquier estereotipo de género.

    El problema no es el comentario de Hamilton, sino todas esas personas que dan la razón al piloto basándose en argumentos sexistas y homófobos como que “los vestidos son para las niñas”, que “así se confunde a los chavales” o que “luego salen como salen”.

    “Los vestidos son para las niñas.” ¿Por qué? ¿Porque lo dice la sociedad? ¿Porque lo pone en la etiqueta de la ropa? ¿Porque priorizamos el que dirán a la felicidad del niño? La ropa, los juguetes o los disfraces no tienen género, se lo ponemos nosotros.

    “Así se confunde a los chavales.” Si a tu niño le mola el puto vestido de Elsa en Frozen, que se lo ponga. A lo mejor se confunde, piensa que es una princesa con poderes mágicos y congela el poco tejido cerebral que te queda. Mira el lado bueno, nos hace un favor a todos.

    “Luego salen como salen.” Al parecer agitar una varita el día de Navidad causa un efecto cósmico que hace que, de repente, te gusten los rabos. Es una cosa mágica.

    Fuera de bromas, lo que pasa es que a esta gente le acojona más un niño LGTB que un adulto intolerante, machista y homófobo. Eso es lo preocupante. Y quien dice niño LGTB, dice un niño feminista, un niño que no se adapta a los roles de género o un niño feliz.

    Se me ocurren muchas situaciones que pueden perjudicar el futuro de un niño. Poner reglas casposas y machistas en casa es una de ellas, dejar que se ponga un vestido rosa no.

    Dejemos de controlar la libertad y creatividad de los más pequeños, porque por desgracia a lo largo de su vida ya se encontrarán con prejuicios, estereotipos y situaciones que las limitarán. Que disfruten siendo niños, que jueguen a disfrazarse, que prueben nuevas identidades. No somos nosotros quienes deben decidir y definir quiénes son. No podemos poner diques al mar ni reprimir los sentimientos y la identidad de una persona. Sea lo que sea el día de mañana ese niño que hoy se viste de princesa, mejor que lo sea con una infancia feliz en la que se haya expresado tal y cómo era.

    @ManriMandarina

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    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Marina Pinilla

    Psicóloga por amor al arte y a la ciencia, no necesariamente en ese orden. 🗨️ [email protected]

    

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