selectividad
  • Querido diario

    Consejo de abuela cebolleta: la selectividad no es TAN importante

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    Arranca la selectividad en España (que ahora se llama EBAU porque el Ministerio de Educación parece el Ministerio de la Moda, que cada año traen una propuesta nueva) y miles de jóvenes españoles se enfrentan a una prueba crucial para su futuro.

    Hace muchos, muchos años, yo también fui una de esas jóvenas que estaba atacadita perdida al enfrentarse por primera vez “a un examen superimportante”. Porque los exámenes del cole (que yo estudié TODO en colegio de monjas) serían más o menos difíciles, pero al menos sabíamos de qué pie cojeaba el profesor y cómo le gustaba que hiciéramos sus exámenes. Pero la selectividad era otro rollo. Tú sola contra el peligro, sin tener la menor idea de lo que te podía caer, sin tener la menor idea sobre quién iba a corregir tu examen, y con la enorme presión constante de que si no sacabas una determinada nota no podrías estudiar la carrera que querías.

    Hay que tener mucha fuerza física y mental para superar segundo de bachiller y la selectividad.

    Hay que tener mucha fuerza física y mental para superar segundo de bachiller y la selectividad.

    Ahora me parece muy fácil hablar y daros este consejo, pero reconozco que, cuando a mí me tocó pasar por el examen, me cagué la pata abajo como la que más. Entonces habría sido guay que alguien me dijera lo que os voy a decir yo a vosotros, pequeños, pero nadie lo hizo. Porque parecía que para todo el mundo a mi alrededor la selectividad era la única cosa que debía importarnos: profesores que se pasaron todo segundo de bachiller obsesionados por enseñarnos a pasar un examen, más que por enseñarnos la materia; compañeros de clase que tenían ataquitos porque no nos dejaron descansar ni un minuto durante todo el santo curso, siempre con “que viene la selectividaaaad, que viene la selectividaaaad”, como si la selectividad fuese Godzilla; padres que no paraban de repetirte lo importante que era que sacases buenas notas; carreras que cada año ponen la nota de corte más alta. TODO MAL.

    Pues he aquí mi consejo: cuando tienes dieciocho años la selectividad debe de ser tu mayor preocupación porque, no nos engañemos: será una prueba mejor o peor diseñada, pero es imprescindible para acceder a la universidad. Pero de verdad, la selectivdad no es para TANTO. ¿Tú te crees que en el mundo adulto a alguien le importa la nota que obtuviste en ese examen? ¿Tú te crees que en una entrevista de trabajo te van a decir: “con que… solo sacaste un 7’8 en la EBAU, eh? Pues aquí solo contratamos a gente que esté por encima del ocho”.

    La selectividad no es más que una prueba. No solo van a poner a prueba tus conocimientos, también tus capacidades (soportar la presión, organizarte, resolver un examen en un tiempo preciso…) y tus recursos. Pero la selectividad no lo es TODO.

    Del mismo modo que en Weloversize siempre decimos que las personas somos mucho más que un número, refiriéndonos a nuestra talla o a cuánto pesamos, aplicamos esta máxima a la selectividad: da lo mejor de ti, lucha por lo que quieres, prepárate, no tires la toalla, arriésgate, sé valiente, confía en ti, y, sobre todo, recuerda: tú no vales más o menos dependiendo de la nota que obtengas. Tú eres más que un número. Haber obtenido los mejores resultados no te garantiza nada a largo plazo: vas a tener que seguir currándotelo. Y haber obtenido peores resultados de lo esperado no te convierte en un fracaso: los exámenes no van solo de estudiar a tope, hay que contar con el factor suerte. Y seguro que ya sabes que la suerte… a veces se tiene, y a veces no se tiene. Si no consigues la nota que quieres, no es el fin del mundo: tienes otras alternativas. Siempre hay otras alternativas.

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    ¡Mucha suerte a todos los que os examináis, mucho ánimo, y, sobre todo, y pase lo que pase: no os olvidéis de celebrar que habéis sido capaces de llegar hasta aquí!

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    Soy gorda por parte de padre, de madre, de abuela materna y de abuela paterna. Ha habido cocidos completos que me han hecho más feliz que muchas personas. Autora de "Perra de Satán, kilo arriba, kilo abajo", novela en la que cuento mi relación de amor con la tarta de tres chocolates.

    

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