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Querido diario

¡La 38 es de gordas!

Imagen de perfil de Dramaqueen
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La primera vez que oí esa frase me quedé a cuadros, rayas, círculos y rombos. Desde los veinte la 38 es mi talla estrella, porque aunque soy de constitución delgada, he heredado unas caderas y un culo Kardashian de escándalo. No como mi súper amiga Victoria (Secret) talla 34, que lo único que deseaba en este mundo era algo físicamente incompatible: curvas y delgadez extrema.

Victoria, sin que fuera ningún Secret, solo iba a Tiendas de Chicas Delgadas (entiéndase lugares donde la talla máxima es 36 por increíble que parezca, muy al estilo de la peli “El Diablo viste de Prada”). En esas tiendas, el único requisito para entrar es tener la talla de la Barbie a tamaño original. Yo, como buena amiga, acompañaba a Victoria a comprar ahí, porque en tiendas estándar con tallas de la 32 a la 44 pues a la señorita no le valía, que no es lo suficientemente exclusivo.

Yo engaño mucho y soy pequeñita de arriba, así que en esas tiendas en principio me camuflaba y me aceptaban sin darse cuenta de que PELIGRO, una persona con unos centímetros más se había colado.

  • Pasillo 3, creo que he visto algo… No sabría identificarlo… Está pegado bajo la espalda de la clienta, es como… Inflamado, quizá esté teniendo una reacción alérgica a uno de nuestros tejidos…
  • ¿Cómo va a ser eso? ¿No será su culo?
  • ¿Qué? ¿UN CULO? ¡¡Seguridad!!

Y resulta que un día viene una dependienta que también se llama Victoria (¡qué casual!) y me pregunta si quiero algo. Le digo que no, que solo estoy mirando, gracias. Me estudia y me dice que tiene unos vaqueros preciosos que parecen muy de mi estilo. Por educación los veo y me dice que me los pruebe. Como tampoco tengo nada mejor que hacer mientras mi amiga se prueba mil vestidos, faldas y camisetas, digo que vale. Miro el pantalón y veo que es una talla 34.

  • ¿Tienes la 38?

La chica me mira como si le hubiera soltado la peor de las blasfemias.

  • Yo… tenemos hasta la 36 (tono ligeramente horrorizado que no entiendo).
  • Ah… Bueno, entonces nada, que la 36 no me pasa.
  • Es que no tenemos tallas para gordas.
  • ..??

b

¡Oh, Darling, disculpa!

Yo, que soy muy guerrera, le contesté bastante cortante que no había problema, que yo tampoco tenía dinero que gastar en tiendas donde a una clienta de 1,53 y 42 kg se la llama gorda. Y que si por favor me daba la hoja de reclamaciones porque ERES TÚ LA QUE ME VENDE A MÍ y andar faltando al respeto a los clientes no me parece ni medio normal. Se disculpó falsamente y lo dejé pasar. Después al salir se lo conté a mi amiga, que estaba en la otra punta de la tienda en los probadores.

  • ¿Te lo puedes creer? ¡Que solo tienen tallas de la 30 a la 36!
  • Sí, es que no tienen tallas para gordas.

Neuronas desconectándose en 3…2…1… ¡Obliviate!

Luego nos quejamos de la dismorfia y los trastornos de imagen, cuando nos encontramos con personas así por el mundo… Por cierto, mi amiga se ha cambiado el nombre de Victoria por Ashley y está encantada, ¡Ahora entiende que lo curvy si que es lo más!

 

 

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