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  • Querido diario

    Los dramas de las flaquibuenas

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    Hace tiempo que tengo ganas de escribiros.  Os encontré por casualidad un día hace meses, ya no recuerdo ni cómo. Y me habéis ayudado mucho, de verdad.

    Soy una persona de esas que cuando habla de sus complejos la gente abre los ojos con incredulidad o me suelta de mala leche: “pero ¿tú de qué te quejas?” Supongo que por ello, y por muchos otros motivos que no viene a cuento enumerar ahora, he ido alimentando unos complejos cada vez mayores que encima no podía expresar porque no quería volver a sentir que lo que yo decía era una tontería o aun peor, que comentarlo me llevara a que alguien me echara una bronca.

    Sé que tengo un cuerpo “adecuado” a las convenciones sociales. Me entran las tallas más pequeñas y no tengo problemas para encontrar ropa. Una estatura adecuada, un talla de sujetador más bien pequeña pero normal, una piel normal, no sé de qué me quejo. Aunque la verdad es que ya hacía mucho que no me quejaba, aunque me sintiera mal.

    Y me he sentido muy mal. Me he sentido invisible, deforme. Me he sentido inferior, he sentido que no podía gustarle a nadie, he sentido que no valía nada. He visto gordas partes que no lo estaban, y demasiado pequeñas otras que tampoco lo eran. En este proceso he buscado mil culpables y he hecho mil tonterías. He controlado mi dieta hasta niveles obsesivos, sin dejar de comer pero martirizándome por cada capricho que me daba. He hecho más ejercicio físico que nunca para tonificar mi cuerpo y adelgazar ese poco que yo creía que me sobraba. He llorado hasta quedarme dormida porque nunca iba a tener ese cuerpo que parecía ser el único apto para que los demás me aceptaran

    Entonces empezó 2015 y las circunstancias de mi vida empeoraron. Pasé medio año sometida a un estrés del que ni siquiera era consciente. Y por casualidad un día me pesé. Y lo que vi me asustó. 50 kilos. Menos de lo que pesaba hace 10 años, cuando más delgada estaba. Casi 1.70 de estatura. Mi parte racional me habló en ese momento, esa parte de mi cerebro y mi corazón que por desgracia a veces tiene tan poco sitio en mi día a día: “ya lo tienes”-me dijo. “Menos peso incluso del que querías. Ahora dime ¿te sientes bien?”

    La verdad era que no. Que no me sentía bien. Que me seguía sintiendo mal, muy mal. Fue en eso momento cuando todo lo que había ido leyendo en vuestros posts, todo lo que en el fondo yo sabía pero no terminaba de hacerse hueco en mi cabeza, salió a la luz. Estaba haciendo el tonto, este es mi cuerpo y es bonito. Y tengo que quererlo y verlo real yo. No tiene que verlo bonito nadie más, me tiene que gustar a mí. A nadie más. El cambio está en mí. Y la presión va a seguir siendo brutal pero ya no estoy dispuesta a ceder más poder a quien no debe tenerlo.

    En ese momento comencé a andar un camino que a día de hoy aún recorro. No he encontrado el final pero tampoco me he salido de él. Disfruto de la comida, hago deporte sin obsesionarme y procuro mirar mis defectos sin odio y a veces hasta con cierto cariño. Sigue habiendo malos momentos, pero quiero creer que un día lo conseguiré y me querré tanto que estaré más preciosa que nunca solo por eso. En ese camino me encuentro en muchas ocasiones pensando en cosas que vosotras habéis dicho, que vosotras habéis comentado y que, al final, me he creído.

    Muchas gracias por todo

    Autor: Una flaquibuena.

     

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