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  • Querido diario

    No puedo dejar de depilarme. Y me jode.

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    Acabo de pasarme la epilady por las piernas. Y estoy que echo humo. Yo, que soy una bruta que estrena esguinces y cardenales varios cada temporada, apenas puedo soportar el dolor de las pinzas (y si es en las cejas ya ni te cuento) arrancando pelos. Incluso tengo tres tatuajes y siempre digo que es más doloroso depilarse que tatuarse. Pero hoy, el dolor ha sido más mental que físico.

    Y es que, metida en el movimiento body positive como estoy, me he decidido que este verano me dejo de tonterías. Que no voy a perder la cabeza por unas lorzas o unos pelos, que hay vida más allá. Pero a la que me he visto que mis piernas no eran suaves como el culito de un bebé y que el vello empezaba a verse… Sí, lo adivináis, he corrido al baño a arrancar violentamente esa vergonzosa parte de mi cuerpo femenino.

    Lo que más me dolía no eran los tirones. Era saber que estaba siendo a la vez esclava y cómplice de este sistema podrido. De un sistema que sexualiza a las mujeres desde adolescentes, pero ¡ay de que te atrevas a sacarte un pecho en la calle para alimentar a tu bebé! De un sistema que tacha de superficiales a las mujeres que usan mucho maquillaje, pero ¡ay de que se te ocurra salir de casa con esas ojeras o ese grano a la vista de todos! De un sistema que te llama anoréxica y enferma si estás delgada y básicamente te hace la vida imposible si estás gorda. De un sistema para el que nunca nada es suficiente ni demasiado.

    Cierto es que estamos mejorando. Que cada vez somos más las que nos queremos y aceptamos y nos desvinculamos de los estúpidos estándares. Cada vez hay más chicas que abrazan su celulitis, sus estrías y sus pelos. Cada vez más nos maquillamos, nos plantamos en bikini o nos depilamos PORQUE QUEREMOS. Pero… ¿realmente queremos?

    Porque yo, en mi caso, no quiero depilarme. Pero lo hago. Porque me dan vergüenza mis pelos

    No me gustaría estar cubierta de pelo como un adorable pomerianian (aunque si quisiera, bien por mí) porque sudo bastante, sobre todo las axilas, y me sería incómodo. Pero sí que me gustaría poder sacarme la presión de “uy, así no puedo ir a la playa”. Porqué, ¿sabéis lo mejor de todo? El detonante que me ha hecho correr a por la maquinilla como alma que lleva el diablo, ha sido que esta noche (vamos, dentro de un par de horas) me voy de cañas con mis amigas. Y claro, ya es bastante ser la gorda del grupo como encima ser la que trae las piernas peludas.

    (Si alguien quiere darme una colleja, que se ponga a la cola que primero voy yo…)

    Hoy he sido más consciente que nunca de que, aunque cada vez me sea más fácil quererme y aceptarme, siempre tendré que hacer algo para agradar a los demás. Y aunque antes era incapaz de salir a la calle por la vergüenza que me causaban mis kilos, ahora soy incapaz de salir con pelos en las piernas… Quizás en un tiempo también mando a la mierda esos complejos, pero ¿qué vendrá entonces? ¿Qué mido 1’60? ¿Que no tengo los dientes blancos? ¿Que tengo espinillas?

    Por eso, desde aquí y desde ahora, quiero mandar mi más sincera admiración a esas referentes, a esas diosas, a esas hermosas mujeres que se muestran al natural al mundo sin importar que a alguien le puedan ofender sus pelos. Algún día seré como ellas (o tendré dinero para la láser, lo que pase primero). Mientras tanto… Siempre me quedará Loversize para desvaríos y lloriqueos.

    -Lily

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Lily Bell

    Plus size fairy. Dando tumbos y trompazos desde 1995, pero como soy blandita no me duele tanto. Disney lover. Loca de las muñecas. Me gusta ir a la montaña a ver jabalíes y observar a las abejas durante horas.

    

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