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  • Querido diario

    Resiliencia o el poder de renacer de nuestras propias cenizas

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    Llevo bastantes meses pensando en escribir esto, a vosotras, a todas. Porque siempre hay alguien al otro lado que va a sentirse menos raro cuando sabe que no está solo…y hoy es el día.

    Me llamo Abssa, tengo 31 años, soy madre soltera de una niña hermosa, y amante amiga de un novio ejemplar. Hace 10 meses mi madre falleció de una tipología de cáncer mortal y sin cura. Tenía 51 años, 4 hijos, una vida sana y unas ganas de vivir y pelearle a la vida como jamás os imaginareis.

    Su muerte nos ha dejado a todos perdidos, como congelados en el tiempo, esperando a que ella vuelva a cruzar la puerta con su olor a Channel número 5.

    Esto, unido a la pérdida de mi puesto de empleo me llevó a un horrible trastorno depresivo ansioso, durante el cual he necesitado ayuda de profesionales.  La parte de la ansiedad  me provocó “hiperfagia”, un trastorno de ansiedad que podríamos rebautizar como “ comer por nervios”.

    Comencé a vivir una dinámica en la cual me pasaba las tardes y las noches comiendo: desayunaba normal, comía al mediodía, pero al llegar las 5 o así, me tomaba un café, algún bollo, unas patatas de bolsa, algún fruto seco, …así hasta las 8 que hacía la cena.

    Engordé a un ritmo de 2 kg por semana. Recuerdo sentirme horrible por no poder parar de comer, tanto física como mentalmente: te sientes mal porque comes, pero no puedes parar. Nunca me sentí tan despreciable como entonces, incapaz de  romper la dinámica.

    Una vez más, necesité la ayuda de un profesional, y — desde mi experiencia — os diré que los fármacos para acabar con la compulsión son lo peor: desorientación, alteración del sabor de los alimentos, pérdida de agudeza mental, dificultad en el aprendizaje, dolores musculares y articulares, aparición de visión de túnel, caída del cabello, anorexia…entre otros efectos secundarios.

    Al final , los dejé  (obviamenti), y he logrado superar mi compulsión sola, con mucha ayuda de mi hija y mi pareja. Al parecer me he cargado mi propio metabolismo, y aunque ya no consumo ni una tercera parte de las calorías basura que consumía, no pierdo peso.

    Oh, y  la autoestima se ha ido toda. No puedo reconciliarme con la imagen que el espejo me devuelve, y tras un intento fallido de hacer deporte, he descubierto que la sociedad  tiene la peor enfermedad de todas: la “juicitis”. Esa infección masiva que hace que la gente juzgue a los demás para sentirse mejor.  Sep.

    Así que, heme aquí, con 15 kilos , y una tonelada de complejos más. Intento vestir con cosas que no sean muy llamativas, y levantar mi cabeza todo lo posible cuando camino. Tengo una teoría, cuanto más rojo el labial, más guapa te sientes. Aunque aún estoy trabajando esta última parte: me pidieron que hiciera una lista de cosas físicas que me gustan de mí, y por ahora sólo llevo una…y hace dos meses que intento escribir algo más.

    No sé si algún día lograré quererme o aceptarme como soy ahora. Pero si os puedo decir, que siendo gorda he descubierto algo alucinante. Se llama RESILIENCIA, y viene a significar algo así como “ el poder que todas tenemos dentro para resurgir de nuestras cenizas”. Más fuertes, más sabias, más auténticas que nunca.

    Y también que mi chico y mi hija me quieren igual , no importa cuantos kgs de más tenga.

    Muchas gracias,

    Un beso de chocolate.

    Abssa Dia

     

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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