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  • Querido diario

    ¿Se puede querer con envidia?

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    La envidia… según el diccionario de Google, envidia es una palabra femenina que significa: Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee.

    Como todos los sentimientos humanos, la envidia tiene cabida y se manifiesta en nosotros de las más diversas maneras. Aunque tiene a considerarse como un vocablo y una emoción negativa, porque casi siempre implica repercusiones malas para quien la siente. La envidia es un pecado capital, y como tal, suele sacar lo peor de cada uno.

    Todas las personas, son, han sido y serán presas de la envidia. Todo el mundo ha ambicionado el cuerpo, pelo, las zapatillas, el vestido, el teléfono móvil, el novio, el trabajo, el piso, la mascota, las uñas, la televisión, la falda, la chupa, el bebé, la independencia, la situación familiar, etc, etc, de otros. Esto es así, lo ha sido siempre y es muy difícil que deje de serlo. El ser humano es inconformista, materialista y gilipollista desde que se inventó. Envidiar lo ajeno parte de nuestro ADN.

    Como en WeLoversize siempre animamos a ver el vaso medio lleno, hemos decidido pensar que tener envidia es en realidad, el mecanismo que tiene el ser humano para evolucionar. Ser ambicioso y querer conseguir mejores cosas, alcanzar nuevas metas, bien por habérselas visto a otra persona o bien porque nos consideramos merecedores y capaces de obtener lo que deseamos, es una manera sana de mover ficha. Hace que no estemos estancados ni acomodados, que busquemos más. Que queramos más.

    Pero ¿qué pasa cuándo el foco de nuestra envidia es alguien a quién queremos, o que nos quiere? ¿Qué pasa si nuestra ira se despierta por celos hacia una persona, y en nuestro deseo de avanzar sentimos la tentación de desear que alguien la pise? ¿Dejamos entonces de querer? ¿Podemos hacer que ambos sentimientos se fusionen, como las Gemas de Cristal de Steven Universe?

    Te quiero, pero a ver si algo se te atraviesa, mona

    Si alguien cercano, a quien queremos y respetamos, nos despierta envidia, en nosotros nacen toda una serie de sentimientos contradictorios, que pueden llegar incluso a estropear las mejores relaciones.

    El deseo de alegrarte con sinceridad por un éxito conseguido que tú, de forma secreta o pública anhelas, es complicado. Si el alguien a que quieres tiene un mejor trabajo (o solo trabajo, teniendo en cuenta los tiempos que corren), ha cumplido sus ilusiones, vive momentos felices o todo parece irle bien, nos colocamos a nosotros mismos en una balanza comparativa, que siempre termina siendo cruel.

    En muchos casos, de forma totalmente irracional, consideramos que lo justo es que la persona foco de nuestra envidia, termine sufriendo algún revés que equilibre las cosas. Que fracase en algo, que alguna cosa le salga mal, nos hace sentir mejor.

    Odiamos un poquito cuando envidiamos, ¿pero dejamos de querer? ¿Prevalece la sensación de celos por encima del cariño? ¿Es posible equilibrar ambas emociones sin volverse loco?

    El debate está servido, ¿alguna vez has envidiado (sanamente o no) a alguien a quien quieres?

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Romina Naranjo

    De profesión curricular, pedagoga y educadora infantil. Canariona con sueños de escritora recién cumplidos. Siempre en las nubes, autora de los pájaros que viven en mi cabeza.

    

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