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    Mis aventuras locas haciendo Tuppersex

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    Bien, voy a traer un tema que para [email protected] ya será más que conocido pero bueno… Tuppersex. Si. Llevo 8 maravillosos años haciendo de ello mi forma de sobrevivir en tiempos difíciles. No voy a mentir si digo que no tengo mil historietas y anécdotas acumuladas. Y es lo que os vengo a contar hoy.

    Cuando todavía la palabra Tuppersex no era tan conocida, la gente solía entender varias cosas, desde las más obvias a las más enrevesadas. Yo para estrenarme junté a mis primas y a mi madre del pueblo, y ni que decir tiene que se decepcionaron muchísimo cuando vieron que me liaba a sacar cipotillos y lubricantes y cosas que daban vueltas y el stripper no llegaba. Acabaron comprando más por compromiso que por ganas, aunque el compromiso era el suyo que ya sabéis que en un pueblo pequeño, aquello iba a ser la comidilla las semanas siguientes, que si “fulanita se ha llevado un aceite p’al marido”, que si “pues mira esta, que va de santita y se ha cogido el que te monta hasta la mayonesa”…. No me lo perdonaron jamás, aunque a día de hoy, siguen comprando cosillas “para su prima la fresca”.

    Muchas veces se ha dado el caso que me llamaban a eso de las 4 o 5 de la mañana pidiendo una reunión, así, con voz sugerente y a veces hasta gemiditos. “¿Pero vamos a ver (bostezo), cuantos sois??” “Ah!! ¿Que también haces grupos???” era lo más repetido en estas conversaciones. Cuando explicabas lo que era, se cabreaban porque el trabajillo que querían terminar se les había cortado.

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    La mejor de todas, o la que recuerdo con bastante cariño, aunque en ese momento quise morirme, fue cuando antes de ir a la casa, me preguntaron cómo era, cuales eran mis gustos, qué iba a llevar puesto… y claro, dentro del contexto de la conversación, pues no desentonaba mucho ((salvo lo de qué iba a llevar puesto)). Pero cuando una llega a la casa, un 5º sin ascensor y 2 maletas que pesaban como 3 mastodontes, resoplando y haciendo tiempo para volver a respirar con normalidad, me abre la puerta un chico….  EN PELOTAS. Exacto…. WTF??? En ese momento ya no me preocupaba respirar, me preocupaba que no hubiese entendido bien lo que quería hacer, pero como me dijo que iba a ser de parejas y demás y que estaban interesados en comprar, pues… yo no sabía ya como reaccionar hasta que me cogió las maletas y me metió para adentro. Yo, que entonces pesaba 130 kilos y medía 1.65, pensé: “bueno, de un bofetón lo dejo a por uvas si hace algo raro”, pero NO [email protected]!!!! La sorpresa buena no fue que me abriese un muchacho en pelotas. ¡Fue que en el salón había 11 personas más EN PELOTAS! Efectivamente. Unos tapados con cojines, otros espatarrados dejando al aire hasta el alma…. Me costó un rato reaccionar, porque de respirar ya ni me acordaba claro.

    Me senté y como pude les expliqué en qué consistía aquello y que oye, si eran naturistas y estaban cómodos desnudos, que por mí no había problema. Les dio un ataque de risa nerviosa, acabaron vistiéndose y ya una vez vestidos, fue una reunión bastante agradable.

    A día de hoy, todavía hay gente que no sabe muy bien como funciona, pero entre estas anécdotas y las que me quedo en el tintero, ya sé cómo explicarme y cómo dejar claro que yo voy, enseño y una vez me vaya, pueden hacer lo que quieran, pero que yo no participo.

    Mi Unicornio come nubes

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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