Mi ex suegra no se da por vencida
¿Qué momento es ese en el que estás un domingo de sobremesa con tu churri, acoplados en el sofá, escuchando llover y te llama tu ex suegra? Verídico. Y no una ex suegra reciente, no… ¡La madre de la primera pareja que tuve! Estamos hablando de una relación que se acabó hace 18 años, ni más, ni menos.
Pues eso… Domingo, tres de la tarde, los dos en el sofá, recién acabados de comer, cuando me suena el teléfono y veo una llamada de un número que no tengo. Contesto:
- ¿Quién es?
- ¿Virginia?
La voz me es vagamente familiar, de una señora que se ve que me conoce porque se ha dirigido a mí por mi nombre, pero me faltan datos. Vuelvo a preguntar:
- ¿Quién es?
- ¿Pero eres Virginia?
Uy, a mí los jueguecitos de adivinar me gustan poco. Es decir, el “¿Quién es quién?” me flipa, pero para jugarlo con los panelitos, las cartas y esas cosas. Pero esto no… Así que empiezo a mosquearme.
- Vamos a ver, me estás llamando tú, lo mínimo es que me digas quién eres, digo yo…
- ¿No me reconoces? Soy Lola…
Madre mía… no puede ser… esa voz, ese nombre… Imposible, no me lo creo.
- ¿Lola?
- Siiii… ¡la madre de Emilio!
Hostia puta, si. Si que puede ser.
- ¿No has reconocido mi voz? Yo si he reconocido la tuya.
Señora ¿¿¿cómo voy a reconocer su voz si no hablo con usted por lo menos desde finales del Pleistoceno???
- No, no te he reconocido… ¿para qué me llamas?
- Es que te he mandado una foto por whatsapp, pero no te llega.
- Claro, cómo me va a llegar si te tengo bloqueada.
Punto número uno: si, por increíble que parezca conservo el primer número de teléfono que tuve.
Punto número dos: la bloqueé durante la pandemia porque no paraba de mandarme fotos y vídeos de temática negacionista y pese a que le avisé de que no me gustaba recibir ese tipo de contenido, seguía haciéndolo.
Punto número tres: si, obvió el hecho de que le dijera que la tenía bloqueada, como el que oye llover.
- No, pero esta vez es una foto de mi nieta, tiene cinco meses…
Obviamente no me interesaba de cuál de sus tres hijos era la criatura, aunque dada la insistencia de la señora en que yo viera a su nieta, sabía la respuesta. Aún así, no le pregunté.
- Ah, pues enhorabuena.
- Es de mi Emilio.
Bingo. Esta señora quería “refregarme” que su hijo, mi ex, había sido padre. Como si a mí me importara algo de la vida de este señor y como si yo hubiera dejado pasar la oportunidad de mi vida. Porque sí, después de 18 años tanto la madre como el hijo siguen reprochando cada vez que pueden el hecho de que hubiese decidido dejar esa relación adolescente y tóxica que no iba a ningún sitio.
- Desbloquéame y te la mando.
- No, gracias. Me alegro por vosotros, de verdad, pero no me interesa.
- Qué rencorosa eres, parece que te da coraje que mi Emilio haya rehecho su vida…
Esperate, espérate que esto es pa echarse aspirinas en la Coca Cola… Así que la cosa es que hace 18 años yo decido acabar con aquello y pese a todo, su santo hijo estuvo años investigando sobre mi vida, pasando “de casualidad” por mi trabajo, haciéndose perfiles falsos en redes para intentar hablar conmigo… ¿Y la rencorosa soy yo porque ahora, con casi 50 años ha sido padre? No sé, dele una vuelta a eso, que así planteado puede quedar usted un poco de “localcoño”.
Y yo siempre digo que no hay peor persona que aquella que siendo gilipollas, se cree que todo el mundo es gilipollas menos ella. Bueno si, hay algo peor, eres tu, que sabiendo que estás ante una de estas personas, intentes rebatirle cualquier argumento. Y como yo no quería competir contra la reina de la gilipollez, le di la razón, como a los locos.
- Ay pues mira sí, soy rencorosa. Después de casi veinte años no he podido superar que tu hijo haya seguido viviendo sin mí. Y encima ahora vas y me dices que ha sido padre. Ahora, que justo me habías pillado lamentándome con mi churri de mi fatal decisión. Así que te voy a mandar un poquito a la mierda y te voy a bloquear también las llamadas. Pero desde el cariño siempre ¿eh? Es por vosotros, que no vaya a ser que un día de estos no consiga controlar mis instintos y te llame para que me ayudes a arreglar aquello que rompí cuando tenía 19 años y que, claramente no he podido superar pese a que tengo pareja y una criatura de 14 años. Venga ¡un saludo para todos!
Y colgué. Colgué sabiendo que había un porcentaje muy alto de que la señora Lola se quedara solo con el mensaje y no con la ironía, pero qué quieres que os diga, me suda el papo… demasiado que le aguanté la llamada más de un minuto.
Y por supuestísimo, también bloqueé su teléfono para hipotéticas llamadas futuras. A estas alturas de mi vida, surrealismos los justos, por favor…
Vir Pino

