Hay quien liga siendo simpático. Hay quien liga siendo interesante. Y luego está el cuñao de turno, que ha decidido que lo suyo es fingir que lee a Dostoyevski o Kafka, por poner ejemplos. Pensábamos que ya lo habíamos visto todo en esto de ligar, pero ha llegado una nueva tendencia: fingir que lees clásicos para parecer interesante. Performative Reading le llaman. Y ya lo creo que hacen una verdadera performance, porque tela.
Os cuento lo que me pasó el otro día. Hay una librería cafetería en mi ciudad a la que soy bastante asidua. Me encanta ir, sentarme con un buen libro y un buen café y paso un rato desconectada del mundanal ajetreo diario, relajándome con mis dos mayores vicios y siendo un ratito feliz.
Bueno, pues estando yo tranquilita, se me acerca un chico y me pregunta si se podía sentar en la mesita que estaba al lado de la mía. Claro, sin problema. Se sentó, casi por casualidad, en la mesa que había entre dos chicas que estábamos tranquilitas, solas, leyendo y tomando café. Más tarde entendí que escogió esa mesa por pura estrategia.
El colega no paraba de moverse, como si estuviese intranquilo, con lo cual mis ojos inconscientemente no paraban de girarse hacia él. De vez en cuando dejaba escapar un gran suspiro. Estaba continuamente mirando por encima del libro, como esperando que alguien le preguntase algo. Deseando que le entrasen al trapo.
Desde que llegó apenas pasó un par de hojas del libro. Me dio la impresión que en verdad no estaba leyendo, porque ni siquiera entendía el título del libro que sujetaba. Pero eso sí, lo sujetaba con gran seguridad. No parecía leer. Parecía estar posando. Era como si estuviese interpretando el papel de lector, como si fuese un anuncio de sí mismo.
El libro en sí era un tocho importante de Kafka y en cuanto se sentó lo abrió por la mitad. Me di cuenta que no lleva punto de libro. Igual se acordaba de la página por la que iba, pero yo creo que lo abrió al tuntún para parecer que ya llevaba leído algo.
En un par de ocasiones intentó entablar conversación, con la chica del otro lado y conmigo. Una de las perlas que oí que le soltaba a la otra chica fue “Bueno, es que Kafka es complejo, hay que entenderlo”.
Se levantó para ir al baño y me pidió que le vigilase las cosas. Cuando volvió, cogió el libro de nuevo, pero esta vez por el principio, no por la mitad. Con lo que me confirmó que estaba allí de postureo total y que el libro no le interesaba ni poco ni mucho. Nada. Soltó un par de frases más que no decían nada y no venían a cuento. Supongo que se las quería dar de interesante, pero más que despertar interés, su comportamiento estaba despertando sospechas.
Al final, viendo que ni la otra chica ni yo le seguíamos el juego, dio otro gran suspiro, se levantó y se fue con su libro debajo del brazo, igual de leído que cuando llegó, intuyo que frustrado porque la estrategia no le funcionó. Es que resultaba ridículo. Daba más pereza que otra cosa.
Cuando se largó la otra chica me miró y me dijo: “Parece ser que es moda”. Y me explicó que no era la primera vez que veía algo así, que por lo visto era la nueva técnica de cuñado de ligar.
Así que sí, nueva técnica de ligue: fingir que lees clásicos. No sé si te hará más interesante, pero desde luego más leído no. Al final no sé si leen para ligar o ligan para justificar que llevan el libro encima. Igual leer sí es atractivo… pero sólo cuando no se nota que es para ligar.
