Xokas puntúa a Ester Expósito pero es el que no da la talla es él (y por qué no deberían consumirlo tus hijos).
En las últimas horas no han parado de saltarme diferentes críticas a un clip en el que ElXokas, un streamer que solo en Twitch tiene 4,4 millones de seguidores, despatarrado, mientras sorbe desagradablemente fideos de un bote, decide con total impunidad (otorgada por sí mismo, claro), poner valor a una mujer; en esta ocasión la agraciada ha sido la magnífica Ester Expósito, una actriz exitosa que siempre se moja en materia de feminismo y valores. Precisamente esos principios son los que han hecho que Xokas la “degrade” por debajo de otras chicas que para él “son un 6”. El delito de Ester es tener opiniones propias y compartirlas ¡Ah! Y ser percibida como una mujer bellísima que debería ser un florero.
Literalmente Xokas ha dicho “es mejor estar con un 6” para luego asegurar que, aunque prefiere mil veces a su pareja, no solo lo hace porque sus ideologías si coincidan “y no esté puto colgada”(tener ideología y principios propios es malo, no penséis por vosotras mismas), sino porque también está buenísima, como si fuera un complemento que pegue con él. Menospreciando. Cosificando. Deshumanizando.
A mí, qué queréis que os diga, que un hombre de treinta y muchos años esté puntuando mujeres con números como si fuera un catálogo de rebajas o a modo de reseñas con estrellitas, me pone de bastante mala leche; sin poder evitarlo, todo este monólogo de machirulo me retrotrajo al patio del colegio, donde no solo era la última elegida en Educación Física, sino que también me comparaban con mi mejor amiga o incluso suspendí, lo único en lo que lo hice de aquella, en la nota que me pusieron los chicos en una lista clandestina que, acabó confiscando una profesora por incitar al bullying. También viajé al instituto, donde me decían que tenía mucho pecho y poco culo, que tenía que correr para adelgazar y en dónde uno de mis primeros novios me pidió que nuestra relación fuera secreta porque le avergonzaba reconocer que le gustaba una persona con mi aspecto.
Todas esas cosas minaron mi autoestima a unos niveles exorbitantes, y tardé mucho en no verme a través de los ojos de aquellos que me habían despreciado. A veces, aún ahora, por solo unos instantes (porque es algo en lo que he trabajado mucho), me cuesta no ser aquella niña que, aunque peleaba (siempre me defendía) se conformaba, en su fuero interno, con que no se fijaran en su físico y la dejaran en paz. Y la verdad es que me jode que ese tipo de humillaciones sigan vigentes y cada día más masificadas y en nuevas maneras de consumo; yo creía que habíamos avanzado como sociedad para bien, que estábamos en el camino para llegar a la igualdad, pero no, aparentemente, solo ha evolucionado la forma de infravalorar a la mujer: ¡ahora también es telemático!
A ver, siendo honestos, a mí Xokas y ese tipo de discursos ya no pueden hacerme daño, he crecido y racionalizado la situación; y a Ester Expósito menos, que puede estar en su casa comiendo fideos en pijama y seguir siendo una diosa. Pero ¿sabes a quién le puede afectar? A las niñas y adolescentes actuales, incluso a las futuras menores, cuando estas peroratas inoculan esa masculinidad rancia en sus coetáneos y estos empiezan a hacerlas sentir a ellas insuficientes. Según los auditores de canales como los de Twitch, entre el 40 y el 50% de los seguidores de Xokas están en una franja de edad comprendida entre los 12 y los 17 años: el caldo de cultivo perfecto para perpetuar la misoginia que consumen.
No es la primera polémica de Xokas: es el mismo que dijo que uno de sus amigos se aprovechaba de mujeres borrachas para mantener relaciones sexuales que, en estado de sobriedad, no habrían consentido; tampoco es el primer ridículo que protagoniza: se destapó que se creaba cuentas falsas para insultar de manera violenta a sus detractores y ensalzar su propio contenido (onanismo puro y duro), y si no me creéis poned “CathyVipi” en Google.
Pero es que tampoco Xokas es el único problema de esta índole derivado de plataformas de streaming: en la Velada del Año V, entre otras cosas, salió cantando el Jincho (un rapero que ha estado involucrado en diferentes polémicas misóginas) y el “main event” estaba protagonizado por The Grefg (del que se pueden decir muchas cosas pero lo dejamos para otro día) y Westcol (un streamer machista con consignas en contra de las mujeres y los homosexuales); un grupo abiertamente nazi “Núcleo Nacional” (que acaban de inscribirse como partido político electoral llamado “Noviembre Nacional”) publica en YouTube lemas en los que rechazan la igualdad biológica y social de las mujeres; sectas que proclaman que el éxito va ligado a unirse solo a “mujeres de valor” (vírgenes, todo se reduce a su concepción de la propiedad); gurús de la seducción, comunidades incels (espacios donde hombres radicalizados vuelcan sus frustraciones culpando a las mujeres de ellas), movimientos como el “trad wife”, que incitan a volver a los roles tradicionales de la mujer supeditada a la servidumbre del hombre (se acusa que en España es Roro la mayor instigadora de este tipo de contenido)… y una lista interminable de apología al machismo.
Todo ese contenido va directo a las cabezas de pequeñas personas que se están formando aún, que pueden repetir patrones después de creer que las mujeres solo valemos en base a la aprobación física de los demás, que queremos aprovecharnos de ellos y su dinero (otro eslogan repetido masivamente), que somos inferiores, objetos o amebas sin derecho a opinar. Os invito encarecidamente a sentaros al lado de vuestros hijos a ver lo que ven ellos, que converséis al respecto y les eduquéis en valores de respeto para que ellas no se sientan menos ni ellos crean tener la potestad de hundirlas.
Da igual la ideología, sexo, género, religión, orientación sexual, etnia… somos personas y hay que tratarnos como tal. Las mujeres no somos seises, ochos, ni quinces… al igual que no merecemos que se nos trate como un cero a la izquierda. Somos personas con opiniones, ideas, pensamientos y cuerpos reales que no necesitamos la validación de ningún espécimen que esconde bajo ella sus propios complejos.
Dalia Suárez