Hay cosas que nos apasionan, pero nos da vergüencita reconocer en público lo mucho que disfrutamos con ello porque contradicen nuestros principios o creencias, o por miedo a que menosprecien nuestras preferencias. Son los placeres culpables. En particular, yo me pasé mis 20 escuchando Spotify en sesión privada porque no quería que nadie supiera la «bazofia comercial» que solía escuchar. Tenía a mi alrededor mucho snob amante de la música de calidad, qué le vamos a hacer.
Ahora, a mis 30 y largos, también me da vergüenza reconocer que estoy experimentando un fenómeno fan propio de adolescentes con una estrella de Hollywood. Pero, como una ha dejado atrás demasiados pudores como para andarse reprimiendo, hoy comparto algunos de mis «placeres culpables» por si le hago a alguien más llevadera la vuelta a la rutina.
1. Catástrofes naturales
Querer torturarse con series como esta en medio de un contexto apocalíptico, como el de los incendios forestales, tiene su explicación. Si tú también viste películas sobre contagios y zombies en plena pandemia, probablemente se deba a la necesidad de catarsis para la liberación emocional o de explicación.
Pues bien, comencé a ver esta serie en agosto, cuando medio país ardía, porque en uno de los capítulos explicaban al detalle el incendio de Portugal de 2017. No es recrearse en las miserias ajenas, es que los documentales de National Geographic son muy muy pedagógicos e ilustrativos.
De hecho, otra serie a la que me enganché durante el verano fue Mayday: catástrofes aéreas, del mismo canal. Que una ignorante absoluta en ingeniería y mecánica como yo se mantenga pegada a la pantalla ante una investigación llena de términos técnicos, dice mucho del storytelling tan brutal que tiene esta serie. Más de 20 temporadas creo que llevan.
2. Criminopatía
Esta no es una serie audiovisual, sino una colección de audiorrelatos de true crime disponibles en formato podcast. Lo tenéis gratis en iVoox.
Con una voz que enamora, la periodista Lara Siscar narra la investigación de algún crimen famoso centrándose en las labores policiales y forenses. Lo hace con muy buen criterio profesional, alejándose de recreaciones dramáticas, pero no deja de ser true crime.
El género está muy en entredicho últimamente por la banalización de casos, el sensacionalismo morboso y la falta de respeto a víctimas familiares, por eso lo señalo como «placer culpable». Sin embargo, insisto en que Criminopatía se centra en la investigación más que en el crimen en sí, y se aborda todo con mucho respeto.

3. Adolescencia
Reconozco que disfruté muchísimo esta serie por la forma tan brutal en la que se adentra en las emociones humanas en medio de un drama familiar y social, pero la manera en que aborda el machismo adolescente y la machosfera contradice mis principios. Por eso la incluyo entre los placeres culpables.
Lo bueno es que es corta y está tan bien hecha que resulta desgarradora. Lo malo es que deja fuera todo lo esencial. Trata al niño protagonista como víctima de la educación patriarcal, la presión de los pares y el señalamiento en redes sociales. Y lo es, pero se deja atrás a la verdadera víctima (la chica asesinada), hechos y comportamientos previos al asesinato que serían muy útiles para entender a muchos chavales en la actualidad. Aún así, la recomiendo.
4. Soy Georgina
Esto es placer culpable de libro. Detesto reconocer que contribuyo a encumbrar a personas que solo son reseñables por cosificarse e idealizar una vida aparentemente idílica, una vida que promete llenar vacíos mediante la apariencia y el consumo, fomentando la desactivación de la conciencia de clase y el capitalismo salvaje.
Quien dice Georgina dice las Kardashian, Verdeliss o las Pombo, pero, al menos, Georgina es una choni y no tiene problemas en mostrarlo. Si dice «Aquí estoy, rodeada de la burocracia de Mónaco» en lugar de «aristocracia» se ríe de ella misma y sigue con su vida. Así que puedes ponerte la serie mientras pelas patatas y te convences de que el lujo no es algo reservado a los ricos de cuna. Visualizarte en un yate o llevando un vestido carísimo puede ayudarte a disociarte de los estreses de septiembre, aunque eso depende de las ilusiones de cada cual.
5. Caso cerrado
Los casos tan surrealistas e inverosímiles que presenta y juzga la doctora Polo son mi zona de confort. Es placer culpable disfrutar con una serie hiperguionizada que no se creen ni las abuelas que deslizan y deslizan entre las novelitas cortas de Facebook, pero yo la recomiendo. Es vislumbrar el momento de ponérmela mientras preparo la comida, sobre la 1 de la tarde, y experimentar bienestar.
¿Tenéis algún placer culpable confesable? ¡Que tengáis una vuelta a la rutina con los mínimos traumas posibles!