Hay parejas que no necesitan irse a una isla paradisíaca para joder la relación: se bastan ellos solos. Y luego está el caso de Álvaro y Mayeli. Lo suyo es el manual perfecto de todo lo que no se debe hacer en una relación.

Sí, lo reconozco, veo La Isla de las Tentaciones y me encanta. Me lo paso pipa viendo cómo chavales de veintitantos, que creen que están súper enamorados de sus parejas, se van a tentarse a una isla llena de solteros y solteras buenorros pagados para seducir, y encima se convencen a sí mismos de que van a ser fieles. Todo esto mientras beben cantidades ingentes de alcohol, bailan en fiestas semidesnudos y retozan en jacuzzis. Hombre, por favor. Si no son fieles ni en una discoteca un sábado cualquiera, ¿cómo van a serlo en un resort tropical lleno de tías en tanga y estando aislado de tu pareja?

Normalmente, quien va a estos programas ya ha vivido de todo: cuernos anteriores, crisis constantes, idas y venidas, o directamente ya no están muy seguros de su relación. Porque los que hacen el casting no son tontos: no van a meter allí a una pareja estable, madura y con confianza mutua. ¿Qué gracia tendría eso? La audiencia no queremos ver parejas bien avenidas, queremos ver drama y cuernos.

 

Pero es que este año, con Mayeli y Álvaro, se han pasado el juego. No es que hayan escogido a una pareja tóxica: es que han elegido a dos personas que no necesitan cámaras, ni tentadores profesionales, ni imágenes manipuladas para empezar a discutir. Podrían haber tenido la misma pelea en el pasillo de su casa.

Su relación ya era un polvorín. Las inseguridades ya venían de antes. Celos, reproches, discusiones absurdas y una lista interminable de heridas que nunca se habían cerrado. Y en lugar de terapia, diálogo o distancia, ¿qué decidieron? Exacto: ir a un programa donde los solteros quieren meterse en tu relación, donde cada gesto se manipula en edición y donde el objetivo es llevarte al límite. Lo más sorprendente no es cómo acabaron. Lo sorprendente es que pensaran que aquello podía reforzar algo.

Encima, ambos son viejos conocidos del universo Telecinco. Álvaro estuvo en la anterior edición de La Isla de las Tentaciones con su expareja, y Mayeli era tentadora. Pero ojo al dato: Álvaro le fue infiel allí a su novia… y no con Mayeli, sino con otra, Érika. Pero, cosas de la vida, después de esa edición surgió el amor entre Álvaro y Mayeli. Se enamoraron, se fueron a vivir juntos y a partir de ahí lo suyo ha sido una montaña rusa.

Porque, por si fuera poco, el historial continuó: Álvaro volvió a liarse con Érika —sí, otra vez—, Mayeli lo perdonó, luego discutieron públicamente, lo contaron todo en otros programas como Los vecinos de la casa de al lado, volvieron, rompieron, se unfollowearon en Instagram, se siguieron otra vez. Una relación estable, vaya.

Cuando no llevas ni un año con un hombre y ya te ha mentido, puesto los cuernos y lo habéis dejado veinte veces y vuelto veintiuno, allí no es. Amiga, date cuenta. 

 

Con ese historial, se suben de nuevo a un avión rumbo a República Dominicana para seguir poniéndose a prueba. Pero ¿qué prueba quieres superar si ya suspendiste todas las anteriores? ¿Qué clase de lógica es esa? Pues la que tiene su relación, ninguna.

Y no contentos con todo esto, Mayeli se presenta embarazada y se lo oculta al programa. Embarazada. A La Isla de las Tentaciones. Súper buena idea.

Es que ni escribiéndolo en un guion de ficción te lo creerías. Ella con náuseas, cambios hormonales, sensibilidad extrema… y metida en un reality donde te ponen vídeos manipulados del supuesto amor de tu vida tonteando con alguna chaval. Que para más inri no otra que la mismísima Érika. Si, esa con la que Álvaro engañó a su ex, y luego engañó también a Mayeli. Esa Érika.

Pues claro, a Mayeli le ponen imágenes de su novio con la tía con la que le puso los cuernos y explota. Lo haríamos todas. Y encima, Álvaro reconociéndose “infiel por naturaleza” el primer día del reality. Pues como para no darle algo a la pobre Mayeli. El problema es que embarazada, no creo que ese estrés sea muy bueno para el feto.

Lo lógico habría sido rechazar la oportunidad de volver a aparecer en un reality así cuando te enteras de que estás embarazada. Pero a ver, ese niño el día de mañana gastará pañales, y ropa y tiene que comer, así que los papás a ganar billetitos por encima de su propia seguridad.

Lo que pasó entre Álvaro y Mayeli no es solo morbo televisivo —que también—, es la prueba viviente de que puedes amar mucho a una persona, quererla con locura, pero no ser bueno/a para ella. Son relaciones que te desgastan, te cansan, te chupan la energía y te convierten en la peor versión de ti mismo. Y cuando dos caracteres así se juntan, lo único que va a salir de esa relación son conductas tóxicas, y en este caso, un bebé.