¿Sabéis cuando la gente confunde “amor” con “sexo”? Pues pasa lo mismo con las palabras “tristeza” y “depresión”, que deberían aparecer subtítulos en el aire con la definición de la RAE cada vez que alguien las pronuncia.

Quizá así, cuando estés sufriendo una enfermedad mental que te invalida hasta escoger qué vaquero ponerte para ir a Mercadona, no tendrías que escuchar grandes ideas como “venga, anímate”. Y es que a pesar de vivir en una sociedad en la que hay más personas tomando antidepresivos que zumos de naranja para desayunar, los trastornos que afectan al cerebro siguen sin comprenderse. De hecho, es un milagro que no pases de la angustia al homicidio totalmente voluntario, después de recibir a diario consejos como “piensa en planes que te hagan ilusión”, “sal a tomar algo con tus amigos”, “vete al monte que eso despeja mucho” o, el mejor de todos, “no le des tantas vueltas a las cosas”. Spoiler, nada de esto funciona.

Y tampoco lo hacen esos consuelos que te dan algunos, con imaginación justita para pasar el rato, como “todos tenemos malos días”, “lo tienes todo para estar bien”, “ya se te pasará, no lo pienses”, y la joya de la corona, “peor es un cáncer, al menos estás sana”. Spoiler, no lo estás.

Tener una depresión es como escuchar tu canción favorita con un auricular roto. La oyes, pero no la disfrutas. Es como si llevases un plástico del tamaño de tu cuerpo permanentemente puesto y todo, hasta lo que antes más te gustaba, te resbalase. Es tener un enemigo invisible, que nadie ve y al que no paras de oírle gritar diciéndote que no vales nada. A veces se queda un poco afónico cuando tomas una cerveza, pero ojito, usar eso como solución puede llevarte a otro problema que merece un texto propio. Y a dejarte el sueldo en chupitos que borrarían la memoria al más atento de los elefantes.

Seguramente, si te estás sintiendo identificada con este fiestón que es vivir con una raya de batería en la cabeza y sin cargadores a la vista, también hayas tenido conversaciones muy interesantes sobre La Pregunta: “¿Qué te pasa?”. Spoiler, un “nada” suele traducirse en un “no lo sé”. Y está bien. Está bien no saberlo. Tampoco sabes qué te pasa cuando vas al médico con dolor de tripa. Necesitas su diagnóstico, su ayuda. Y para tu dolor también existe medicina.

Busca ayuda psicológica, que en una consulta no tendrás que escuchar ninguna de estas chorradas, te escucharán a ti. Te tomarán en serio, te entenderán sin juzgarte, te darán herramientas para que te repares. Último spoiler, la ilusión se recupera. 

AMAIA BARRENA