Cada vez nos cuesta más conciliar el sueño. Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en 2025 el 48% de la población adulta no disfruta de sueño de calidad, y alrededor del 10% (4 millones de personas) padecen de insomnio crónico. El ritmo frenético de la vida, la ansiedad y la omnipresencia de las pantallas son algunos de los factores que influyen para que cada vez descansemos peor.

No es de extrañar que, ante un aumento del insomnio, los métodos para conciliar el sueño se diversifiquen. Cada vez quedan más atrás aquellos remedios naturales y más inocuos: documental de animales, valeriana o leche caliente con galletas. En el momento actual priman el aquí y el ahora, las soluciones rápidas y efectivas. En este marco se popularizan dos remedios estrella: las pastillas y el CBD.

En la categoría de pastillas hablamos de hipnosedantes, benzodiacepinas, ansiolíticos. Si bien estos fármacos están sujetos a prescripción médica, y se tratan de sustancias controladas por sus riesgos elevados de tolerancia y dependencia, su uso es bastante frecuente. Suelen recetarse con algo de ligereza, no solamente en consultas de salud mental, sino en cualquier médico de cabecera. Son el tratamiento más habitual para la ansiedad, dolores musculares y por supuesto, para el insomnio.

El problema aquí no es su efectividad, ayudan a conciliar el sueño, sino las pautas irresponsables en su consumo. A pesar de ser potentes psicofármacos solamente aptos para vender a través de prescripción médica, su uso y abuso está estandarizado. Por si no la recetaran suficiente, también es una de las drogas más accesibles en el mercado negro.

Algunos de sus efectos adversos más comunes son la amnesia, la falta de energía, confusión mental, tolerancia y dependencia. No son pocas las personas que empiezan tomando una pastillita para dormir y luego no pueden conciliar el sueño sin esta ayuda. Conviene diferenciar las benzodiacepinas, psicofármacos que tienen un efecto directo en nuestro sistema nervioso central, de otros compuestos que pueden favorecer el sueño sin causar otros efectos adversos. La melatonina, por ejemplo, es un compuesto que en muchos casos, ayuda a conciliar el sueño sin provocarlo directamente.

Otro hábito muy extendido para conciliar el sueño viene del cannabis. Los fumadores habituales de marihuana suelen tener como ritual el porro de “antes de dormir”, ya que su consumo muchas veces aporta calma física y mental. Sin embargo el cannabis, aparte de ser una sustancia ilícita, tampoco está exenta de efectos secundarios.

Con el objetivo de aprovechar las ventajas terapéuticas de la planta evitando consecuencias adversas o delitos contra la salud pública, desde hace años se ha popularizado un producto cannábico más seguro: el CBD.

El CBD (cannabidiol) ofrece algunos de los efectos más populares del cannabis, funcionando como agente analgésico, ansiolítico y calmante, pero sin llegar a causar los efectos mentales (o fumada) clásica de la marihuana. 

La proliferación de productos derivados del CBD ha abierto la puerta a nuevos usos y formatos. Ya no es necesario fumar este compuesto para beneficiarse de sus efectos, más bien al revés. Queriendo distanciarse de su hermano psicotrópico, el THC, la industria del CBD parece huir del formato fumado para acoger vías de administración y pautas de consumo más sanas. Cada vez es más común la presencia de CBD en cremas para el dolor articular. Para sus efectos ansiolíticos y sedantes, existen comestibles como gominolas o infusiones. 

Como cualquier otro compuesto, el CBD o el Lorazepam provocan una experiencia subjetiva, cada individuo experimenta una variedad de efectos en función de su persona y situación. Duermas como duermas, cuídate. Contar ovejitas es de las pocas ayudas al sueño sin efectos secundarios.

 

Tío Vivo