Conocí a Davide casi por casualidad, una tarde, mientras buscaba información sobre personas que habían superado una meningitis C. Cosas de esta vida, lo mismo había hecho en su día Cecilia Cano, su pareja, cuando se encontró en la terrible tesitura de ver como su novio perdía las cuatro extremidades de su cuerpo de la noche a la mañana. Indagó por las redes buscando a otras personas que hubieran pasado por el mismo trance que Davide, intentando encontrar consuelo pero sobre todo, apoyo.

Es difícil no estremecerse con la historia de Davide. Acceder a sus redes sociales es duro a pesar de que, como imaginaréis, su relato es un grito a la fuerza y a las ganas de vivir. Pero en el fondo lo piensas y te das cuenta de lo jodida que es la vida ante todo cuando nos escupe enfermedades o hechos de esta magnitud. Una mañana eres joven y vives tu día a día al doscientos por cien para esa misma tarde estar en la mierda, con fiebres que no cesan y un dolor insoportable que te asola por completo.

Como os digo, conocía la historia de Davide Morana, y aun así cuando ‘Arriba la vida’ cayó en mis manos, no pude dejar de respirar hondo página por página. Fue la propia Cecilia la que tomó la pluma para este proyecto narrativo, contando a todos sus lectores cómo vivió ella misma, en primera persona, la enfermedad y recuperación de su querido Davide.

Desde aquí si me lees, Cecilia, me gustaría darte mi más sincera enhorabuena, ya no solo por lo bien que has sabido relatarlo todo, sino por tu coraje para contar la verdad, las veces que has estado arriba o abajo, sin heroicidades de ningún tipo.

Sinceridad, crudeza y ante todo, superación. Así se podrían definir las páginas que conforman ‘Arriba la vida’. Una historia que se lee con total facilidad y que muestra de una manera increíble la manera en la que Davide Morana pasó de ser un joven deportista con toda la vida por delante a convertirse en un paciente de meningitis C que se debate entre la vida y la muerte. Médicos que informaban a la familia de que aquella sería su última noche, horas mirando un reloj y esperando una llamada que dijese aquello de ‘ya está, ya ha pasado todo‘… Viendo ahora a Davide, con toda su fuerza y ganas de superarse, podemos evitar el pararnos a pensar en cómo llegó hasta este punto, y lo cierto es que la aparición de la enfermedad es uno de los capítulos más duros que he leído en mi vida.

Demasiadas sacudidas, demasiado dolor para una familia que en absoluto se podía esperar algo así. Tantísimo amor que desprenden las palabras de Cecilia justo en ese momento en el que pensaba que todo estaba perdido. Hicieron falta varios capítulos para dejar constancia de todo el proceso hospitalario de Davide. Cómo afecto la infección a su cuerpo, la manera en la que cada órgano luchaba por continuar funcionando, dar a conocer al mundo la realidad de una enfermedad que conocemos por grave pero de la que, en muchas ocasiones, preferimos ni hablar.

La manera en la que Cecilia habla sobre los estados de ánimo de Davide, de su forma tan real de afrontar la realidad que le había tocado. Esa de verse, de repente, amputado. Desesperación, rabia, tristeza… Porque, como es natural, ese sentimiento de superación de Davide no apareció el primer día. A las personas nos hace falta tiempo, aprender a gestionar los cambios, y es evidente que el protagonista de esta historia supo cómo hacerlo.

Tras su recuperación, Cecilia cuenta también todo su proceso para poder contar con las prótesis que la Seguridad Social no cubría en absoluto. Ese camino en el que una familia humilde trazó un proyecto para poder financiar más de 200.000 euros que le permitirían a Davide retomar de alguna manera su vida. Ahí empieza la verdadera historia, la de volver, aprender de nuevo aquello que venías haciendo desde pequeño, tomar aire y sacar fuerzas desde donde sea.

Davide Morana lo ha repetido en múltiples ocasiones, con su historia, con este libro, no busca ser el ejemplo de nadie. Únicamente conseguir que muchos sean conscientes de la realidad de su historia, por desgracia, la de muchas personas día tras día. Un relato de superación, sí, pero donde también se ven las caras del miedo o la desesperación.

Su trayecto hasta llegar a donde se encuentra hoy no ha sido en absoluto fácil, y quizás por ello cada una de sus actualizaciones en redes sociales es un nuevo canto a la superación y a saber adaptarse a lo que le da la vida. Y es que, tal y como versan las palabras de Cecilia, el sufrimiento al final es un sentimiento inevitable que puede ayudarnos a observar las luces brillar mucho más fuertes.

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