Séptimo de básica, doce años, el estallido de la adolescencia. Llegó una de las primeras “boys band” con los New kids on the block, las televisiones privadas hacían su agosto con programas que tenían más chicha que limoná y a rebufo de esto, pareció que de pronto, todo se llenó de tetas. En realidad, siempre habían estado allí, quizá más discretas, pero en ese momento yo fui consciente de ello por primera vez. No me molestaba en absoluto, pero sí despertaba en mí cierta curiosidad el ver que los chicos de mi clase se dividieron en dos grupos claramente diferenciados: los que tenían la carpeta con láminas de Dragon Ball, personajes de cómic y del manual de D&D, y los que tenían fotos de las Mamma Ciccio, las Chicas Chin-Chín y similares. Entre las chicas, el equivalente era tener la carpeta forrada con fotos de bebés, gatitos y cartitas de olor, o tener a los citados New kids, Tom Cruise y Kirk Cameron. ¿En qué categoría estaba yo? Supongo que tiraba más para el segundo grupo, pero como siempre tengo que ser la nota discordante, me hice uno para mí sola. Forré mi carpeta con fotos de Los Cazafantasmas, Rambo y Hulk Hogan. 

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Sí, ese, el de la lucha libre amañada. Viejo, calvo y con músculos de clembuterol, pero qué le vamos a hacer, hay gustos para todo, y a mí me encantaba. Pues allí iba yo con mi carpeta llenita de fotos que había recortado del Tp, de la Teleindiscreta y de cuanta revista encontraba por casa o casa de mis tías. Y aquello parece ser que levantó ampollas. No era la primera vez que los gustos de las chicas no eran del agrado de la otra mitad de la clase. Entiéndase, chicos. 

Y es que ellos podían llevar fotos de chicas cuya única vestimenta era inferior a una gamuza de limpiar gafas y nadie decía nada porque “era natural” y “si no te gusta, ponte tú así de buena y dame tu foto”, “tienes envidia porque tú nunca estarás así”. Peeeeero si las chicas llevaban en la carpeta a cantantes o actores, oye, todo eran quejas: “ese es marica” (año 1992: Europeos para algunas cosas, cazurros como cantos rodaos para otras), “ya ves tú, si parece una chica/tiene cara de gilipollas”, “qué tonta, si nunca le vas ni a conocer”. En fin, algo que, según he visto, es cíclico y se da siempre con cualquier ídolo femenino. 

Bien, en determinadas clases, por aquello de la dinámica de grupo, los profesores nos cambiaban de sitio para que no estuviéramos siempre las chicas a un lado y los chicos a otro, sobre todo cuando tocaba clase de Lectura o Estudio. Y una de esas sesiones de estudio, yo saqué mis deberes de Inglés del clasificador y en ese apartado llevaba una foto “superguapa” que decía yo, de Hulk Hogan envolviéndose con la bandera norteamericana y que llevaba sólo eso y el bañador amarillo con el que salía siempre. Mi compañero de mesa, un chico poco agraciado que precisamente llevaba en la carpeta la foto de una chica con un vestido mojado que no dejaba NADA a la imaginación, vio a mi Hulk Hogan y para qué más. 

Que si eso era pornografía, que si no podía llevar eso en la carpeta, que si un tío en ropa interior era de muy mal gusto… “Pues menos mal que no has visto la hoja de Historia”, le susurré, convencida de que iba medio en broma, y le enseñé a mi Rambo que también iba a pecho descubierto (y porque entonces no habían estrenado aún Demolition Man, que si no, ESE DESNUDO DORSAL yo lo hubiera puesto en mi carpeta y que se mueran los feos. Digan lo que quieran, pero si había alguien que estaba para hacer un desnudo, ese era Stallone). El colmo, vamos, aquello fue el colmo. Me había tenido en otro concepto muy distinto hasta el momento, me dijo. Y con las mismas, se levantó y se fue a la mesa de la profesora. Cuando la señora me llamó un minuto más tarde diciendo que llevara mi carpeta, entendí que el muy… se había chivado de algo que él mismo hacía. 

La profesora, tutora del curso por más señas, examinó mi carpeta negando con la cabeza y al fin dijo: 

—¿Tú te crees que estas fotos son para llevarlas al colegio? ¿Una señorita? —sentí que me ponía colorada por momentos. Siempre fui una niña muy pacífica, buena estudiante (la empollona del curso, vamos) y jamás me habían regañado. El que ahora me dijeran aquello me hizo sentir humillada. Pero también indignada. ¿Por qué nadie le decía nada a los chicos que llevaban en la portada de la carpeta a una chica medio en pelotas, y en cambio a mí sí? En lugar de hablar en voz baja, como correspondía cuando te llamaban a la mesa del profe, decidí alzar la voz. Llamar la atención de mis compañeras y ver qué sucedía. 

—No son fotos distintas a las que llevan los chicos. Es más, en esta foto no se ve nada, y ellos llevan fotos de mujeres sin sujetador. 

Al oírme, el resto de compañeros (y compañeras) mostraron interés en el asunto. 

—Yo sólo llevo la foto de un hombre sin camiseta, pero eso lo vemos hasta en el gimnasio muchas veces. Cuando hace calor, los chicos se quitan la camiseta —insistí.

—¡Es verdad, ellos llevan fotos guarras! —saltó enseguida una de mis amigas, que sabía qué fotos llevaba yo en la carpeta y enseguida vio de qué iba la vaina. 

—Pero eso es normal en ellos, son chicos. Una señorita llevando esto, es una vulgaridad —arguyó la profesora. Y aprovechando, el compañero que había levantado la liebre volvió a atacar:

—Es de mal gusto, debería romperlas. Son pornografía.

—¿Y una tía en vestido mojado no es pornografía? Empieza tú por romper las tuyas y luego hablamos—no iba a tolerar que NADIE tocase mi carpeta o me hiciese despegar las fotos de mis guapos. Las chicas empezaron a alzar la voz diciendo que era cierto, que si le parecía tan horrible, que empezase él. Una compañera dijo “mañana traigo la carpeta toda forrada de los del equipo de waterpolo, y a ver qué pasa”. Los chicos vieron que era más prudente callarse la boca, no fuera a ser que nos hicieran llevar a todos carpetas sin decorar para evitar líos, y yo nunca me había sentido tan arropada por el grupo. 

Finalmente la profesora me mandó sentar y nos dio un discursito vacío y ñoño -no era la profesora preferida por nadie y se entiende por qué- acerca de que a nuestra edad deberíamos estar aún jugando con muñecas y no pensando en guarradas, que le dolía ver que el feminismo y la igualdad iban por ser tan vulgares como los chicos en lugar de comportarnos con un poco de dignidad, pero que no pensaba tomar partido por nadie. Si queríamos llenarnos las carpetas de fotos indecentes y nuestros padres lo permitían, ellos sabrían. 

Así que me volví a mi sitio y a mis deberes de Inglés. Mi compañero estaba muy fastidiado, más que eso, estaba cabreado. Como siempre he sido algo tonta y me he preocupado en exceso de los sentimientos de los demás aún cuando no se ocupasen de los míos, traté de decirle que no se lo tomara personal, pero él me contestó con una bordería:

—Esos tíos inflados dan asco, no sé qué les ves. Si ese es tu tipo, ni me hables, niñata, que eres una niñata. Ojalá te vomiten en la carpeta. 

Con las mismas, le dije que, bueno, seguro que eso nunca sucedía, pero si por casualidad llegaba a pasarle algo a mi carpeta… los dos sabríamos quién habría sido. Y habría que atenerse a las consecuencias, claro está. 

No fue hasta mucho tiempo más tarde que caí en la cuenta de que a aquél compañero, quizá yo no le era completamente indiferente. Vamos, que quizá es que le gustaba y el ser consciente de que yo fantaseaba con un tipo de hombres MUY diferentes a él, tal vez le escoció un poco. 

Delice.