Una ruptura siempre te hace pensar que el fin del mundo se acerca, que ya nada vale la pena y que jamás podrás volver a ser feliz sin esa persona que has dejado/te ha dejado atrás. Sin embargo, cuando consigues ver las cosas con perspectiva te das cuenta de que, en realidad, tu (ex)pareja no es, ni de lejos, lo que más echas en falta de la relación…

A su mascota. Esto tenía que encabezar la lista porque, cuando eres amante total de los animales y amabas total a la mascota de tu ex, nada duele más que pensar que jamás volverás a ver a ese perro/gato/hámster/pececito que tanto adorabas.

La comida de su madre. Esa tortilla bien gorda de los domingos, esos potajes calentitos para el invierno, esos tuppers infinitos llenos de croquetas para sobrevivir a un apocalipsis…

Su coche. Puede sonar frío y muchos creerán que confirmamos eso de «tu novio es tu taxista» pero, aunque siempre he sido una mujer de transporte público a tope, no puedo negar que, en ocasiones, echo mucho de menos que me vengan a buscar en coche. Mátenme si quieren, me declaro culpable.

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Tener a alguien que me cuidara cuando estaba enferma. Ay, esos calditos calentitos que venían solos al sofá; ese no tener que preocuparte de nada porque «estate quieta, que estás malita»; no tener que ir a la farmacia a por droga porque ya iban a por ti… ¿Acaso no era eso el paraíso?

El sexo siempre que te apetece. ¿Quién no ha soltado eso de «cari, tengo ganas de follar, ven a verme»? Y allí estaba una a los 5 minutos bien follada. Nada mejor que el sexo a domicilio, no nos engañemos.

Los disfraces en pareja.

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Sueños rotos.

Tener acompañante asegurado para las bodas o *inserte aquí cualquier evento importante al que es casi obligatorio ir con pareja*. Cero preocupaciones.

La sudadera que tomaba «prestada» los días de frío.

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Poder tirarte pedos o eructos sin preocuparte de que la otra persona se asuste. Sí, la confianza da asco, pero qué gustito.

No darle importancia a los pelos porque, de nuevo, la confianza da asco.