Llevaba años dándole vueltas. La depilación láser en general y de la chochera en particular es uno de esos temas que todo el mundo recomienda pero del que nadie cuenta la letra pequeña. He leído foros, vídeos de TikTok, testimonios de amigas. Nada me preparó para lo que me encontré cuando por fin me tumbé en esa camilla.

La primera sorpresa fue el momento de desnudarme. En la cabina no te dan una sabanita pudorosa ni un biombo. Te dan un triste tanga de papel que no tapa nada, te tumbas, abres las piernas y una mujer que acabas de conocer se pone a centímetros de tu vulva con una máquina que hace click-click-click. Yo que soy de las que en el ginecólogo lo pasa fatal, casi salgo corriendo. Y eso que iba mentalizada.

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La segunda fue el olor. Nadie me había avisado de que la piel quemándose huele. Huele a pelo chamuscado, a verbena. Sale un humillo finito que apesta a pollo quemado tan bestia que casi me mareo. La primera vez pensé que me estaba pasando algo raro. Resulta que es normal y nadie lo menciona.

La tercera, el dolor. Me habían dicho que es una leve molesta. TUS MUERTOS. En las piernas es llevadero, en las axilas casi no duele, pero en la ingle y en los labios mayores es otra liga. En el culo ni  te cuento. Hay zonas en las que el láser pega directamente sobre el hueso del pubis y el pinchazo te llega a la boca del estómago. Las primeras sesiones me salían lágrimas sin querer. A lo mejor soy una blandurria o tengo baja tolerancia al dolor, pero chica, a mi me duele que te cagas.

La cuarta sorpresa fue mirarme al espejo dos semanas después de la primera sesión. Había pelos sueltos que se caían solos al pasarme la mano, como si fueran pelusas. Otros se quedaban medio enterrados en la piel y tenía que sacarlos con pinzas. La zona quedaba moteada, con puntitos rojos que tardan días en irse. En verano, si te da el sol, te salen manchas que hay que cuidar con protección altísima durante semanas.

 

La quinta, y esta no la esperaba nadie: el cambio en las sensaciones. No hablo del tópico «te sientes más limpia» que te cuentan las revistas. Hablo de otra cosa más rara. Cuando llevas años depilándote a cera o a cuchilla, tu piel ahí abajo siempre está en estado de irritación leve. Cuando empiezas el láser y la piel se va calmando, aumentan las sensaciones. No es que folles mejor, es que sientes distinto. Más directo. Mi pareja se dio cuenta antes que yo. Me preguntó una noche si había cambiado algo. No supe qué contestar. Aquello deslizaba como por mantequilla jajaja

La sexta fue el dinero. En los centros serios pagas por sesión entre 40 y 90 euros según la zona y el protocolo. Necesitas ocho sesiones mínimo para ver resultados de verdad, repartidas en un año y pico. La cuenta la haces tú. Y después, cuando crees que ya has terminado, viene el mantenimiento: cada seis o doce meses vuelves. Hay gente que tiene suerte y se queda calva forever, no es mi caso, yo sigo en mantenimiento y creo que en algunas zonas será permanente.

La séptima la descubrí cuando cumplí 40. Las hormonas cambian. Pelos que llevaban años dormidos empezaron a despertarse otra vez. Zonas que daba por terminadas volvieron a dar guerra. La técnica me explicó que es normal, que los embarazos, la menopausia o los cambios hormonales reactivan folículos. Nadie te lo dice en la primera cita. Y yo que pensé que por fin me había despedido de mi barba de tres pelos, tuve que volver a darme sesiones en la cara.

Si alguien me preguntara hoy si volvería a hacerlo, diría que sí. Mil veces sí. Pero diría también que me hubiera gustado entrar sabiendo que iba a pasar vergüenza, a oler a pollo quemado, a llorar como una magdalena, a pagar más de lo previsto, a tener que volver cuando creía que había terminado y a descubrir, a los 40, que mi cara había decidido echar barba otra vez como si fuera una adolescente al revés.

Así que aquí estamos. Una señora que lleva años metiéndose en cabinas, enseñándole el potorro a desconocidas, pagando por que le quemen pelos, oliendo a barbacoa con regularidad y manteniendo una guerra hormonal contra folículos que creía muertos y resultaron ser okupas.

Pero eso sí, con la chocholandia lisa como la pantalla de un iPad. Casi. De momento.

¿Volvería a hacerlo? Ya te digo, mañana mismo. Pero avisada. Por eso os aviso yo ahora a vosotras. De nada 💅

Pd: y por supuesto, esto es MI experiencia, si a ti te mola llevar el arbusto olé tu chocho, y nunca mejor dicho :)

 

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