Me gusta leer. Y diréis que eso no tiene nada de malo. Bueno, pues depende de cómo se mire. Si eres yo, lo mismo puede ser malo porque soy el tipo de persona que tiende a obsesionarse y pasarse de rosca con las cosas, que menos mal que nunca me ha dado por drogarme, porque hubiese sido capaz de organizar catas de maría en el sótano de mi casa y combinar la deliciosa frescura de la hierba azul de Kentucky con la suave astringencia de la procedente de Alabama del Sur. Vamos, que sí, el repelente niño Vicente, SÍ, lo sé. Pero de todo ha de haber en este mundo, y yo estoy en la rama de Lectores Obsesivos, qué se le va a hacer, oye, mejor eso que matar gente, digo yo. 

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El caso es que para mí leer es más que un pasatiempo, que lo es, o un placer, que también. Yo doy con un libro que me gusta y leo mientras como, mientras me lavo los dientes (se coge práctica, no creáis. A fin de cuentas, sólo precisas una mano), mientras camino por la calle y ya supondréis que no pocas veces me ha dado el amanecer con el “sólo un capitulito más”. 

Bien, pues en cierta ocasión, tenía en casa a mi (ahora) ex. Mis padres se habían ido de vacaciones y las ocasiones hay que aprovecharlas. Bueno, estábamos en el sofá y yo estaba releyendo El conde de MonteCristo, uno de mis libros favoritos. Era de noche, se hacía tarde y me dije “voy a destender la ropa, vaya a ser que llueva por la noche”. Dejé el libro en el sofá, destendí la colada y ya me fui a la alcoba. Desde allí, le pedí a mi novio que, cuando viniera, fuese tan amable de acercarme el libro. Me lo trajo. Pero cómo me lo trajo. 

Desnudo de pies a cabeza y tapándose sólo con el libro abierto frente a él. Mi primera sonrisa de vicio tembló y se desmoronó como una gelatina barata cuando me di cuenta de algo horroroso. Espantoso. Inenarrable. “¡Oh, no! ¡Me has perdido la página que tenía señalada!”

Bueno, pues se enfadó. Dijo que le había arruinado el momento, que vaya romanticismo tenía yo, que si me ocupaba antes de un libro que ya había leído diez veces antes que de él. La verdad yo creo que tenía motivos para ocuparme del libro, la prueba es que mi ex me dejó y Edmundo Dantés sí que ha seguido conmigo. 

 

Delice