Sabíamos que este día llegaría. Hace ya algunos años que yo misma auguraba que los pequeños que antaño eran tan solo bebés protagonistas de cientos de perfiles en redes sociales se convertirían en niñas y niños conscientes y con todo su poder de decisión. En resumen, que muchas conocidas como ‘Instamamis’ van a empezar a vérselas un pelín canutas para continuar generando contenido.

Pero vayamos por partes. Como madre yo también he incluido imágenes de mi hija en algunas actualizaciones de mis redes sociales. Sin ningún motivo aparente, simplemente porque me pareció una buena idea o básicamente me apetecía compartir algún momento concreto con mis seguidores. He procurado siempre no sobrepasar ciertos límites ni ofrecer información extra que a nadie le debe interesar, aunque por supuesto habrá quien diga que para eso lo mejor es capar de forma tajante a nuestros hijos de este tipo de plataformas.

Y por incongruente que suene, tienen toda la razón. Como madre orgullosa me encanta mostrar los logros de mi hija, aunque pensándolo fríamente ¿qué les importará a cientos de seguidores que ni siquiera nos conocen en persona lo que haga o deje de hacer mi hija? ¿Y qué hay de los peligros de internet y de esos perfiles que en realidad no son lo que dicen ser?

Lo cierto es que las redes sociales son espectaculares en múltiples sentidos pero del mismo modo se pueden convertir en un arma de doble filo. No creo que sea necesario recordar que detrás de cada perfil online podemos encontrar decenas de peligros en forma de una persona obsesionada con ese niño en concreto o directamente un ser que descargue una fotografía para fines en los que es mejor no pensar. Y por más que nos cueste, por mucho que deseemos omitirlo, la historia nos ha demostrado que debe ser así, niños y redes sociales cuanto más lejos, mejor.

niños instagram

Y a pesar de todo no somos pocas las que optamos por colgar alguna que otra fotografía, sin olvidarnos de todas esas cuentas repletas de seguidores en las que ellos, los instabebés, son los auténticos protagonistas. Esos que son populares online incluso desde antes de nacer, los que han crecido con una cámara que graba y fotografía cada segundo de su vida. Esos mismos que a día de hoy ya son niños o niñas con la capacidad suficiente para decir ‘hasta aquí hemos llegado‘.

Mi hija, sin ir más lejos, me lanzaba la bomba hace apenas unos días. Tras revisar mi Instagram en una tarde de cotilleo ella misma se daba cuenta de que en ciertas publicaciones se veía su cara en una fotografía o podía verse en bucle un vídeo suyo. Me miró pensativa y me preguntó si esa era mi cuenta personal por qué era ella la que salía en tantas imágenes. Por mi parte le expliqué que eran fotografías o vídeos que me gustaban y que por eso los compartía con la gente, no la vi muy convencida y directamente quise saber si aquello le parecía bien.

‘Sí mamá, puedes seguir poniendo mis fotos, pero dímelo primero para saber si me gusta o no.’

Una mezcla entre orgullo y desazón se generó en mi interior. Por una parte me encanta que a su edad tenga ya las cosas tan claras, aunque por el otro temo que nosotras como adultas no hayamos sabido ver que exponerlos no es ningún juego. Y si mi hija que en absoluto es la protagonista de ningún perfil archiconocido en las redes se ha visto en la necesidad de apuntar esto ¿qué no sucederá con muchas criaturas que viven día a día en las redes?

Es de esperar que muchos de estos ‘Instakids’ echen el freno a sus papás y mamás solicitándoles un poco de intimidad. ¿Veremos caer más de una cuenta familiar? ¿Comenzarán las batallas por los derechos de imagen de nuestros pequeños? ¿O quizás aceptarán que sus vidas dependen en gran parte de ese contenido y continuarán sonriendo ante el objetivo? Las respuestas visto lo visto las obtendremos pronto, muy muy pronto.

Mi Instagram: @albadelimon