¿Cómo supe que mi padre es impotente? Hay momentos en la vida en los que descubres cosas de tus padres que preferirías no saber. Este es SIN DUDA uno de ellos.

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Todo empezó de forma inocente, como empiezan las tragedias modernas: “Hija, ¿me instalas el correo en el móvil?”

Mi padre, señor de 60 años, recién estrenando smartphone como quien estrena una nave espacial. Y yo hasta el moño de explicarle como mover las APPS por la pantalla, volví a ejercer de técnico informático no remunerado. Y me pongo a trastear con su móvil.

Hasta aquí todo bien. Ajustes, cuentas, contraseñas mal apuntadas en un papel… lo habitual.

Pero en un descuido, abro el navegador. ERROR. GRAN ERROR. FATALITY. APOCALIPSIS.

Ahí estaba: Un festival, una rave digital de porno. Pestañas, historial, sugerencias… todo un universo que yo no había pedido explorar.

Y por si eso no fuera suficiente, marcadores. Sí, Mari. Mi padre tenía en marcadores páginas de señoras de compañía. En favoritos. Como quien guarda la web del tiempo o el correo del curro.

Yo me quedé tiesa. O sea, ¿mi padre? ¿Ese señor que se duerme viendo documentales de La 2? Pues sí, ese mismo.

Terminé la instalación con la dignidad de quien ha visto demasiado y le devolví el móvil intentando resetear mi cerebro. Spoiler: no se puede.

Se lo conté a mi pareja, porque estas cosas no se pueden cargar en solitario. Su cara fue un poema, especialmente con la parte “señoras de compañía”.

Es que vamos a ver, aunque a uno le choque descubrir o imaginarse a su padre viendo porno, pues es algo que entra dentro de la normalidad masculina, pero lo que yo vi en marcadores ERA OTRO NIVEL.

Y entonces cometí el siguiente acto impulsivo: hablar con mi madre.

Mi madre y yo tenemos mucha confianza, así que intenté sacarlo con tacto, como que no quiere la cosa pero SI QUIERE, LA COSA SI QUIERE SALIR.

Y ahí vino, señoras mías, el plot twist de mi vida.


Mi padre es impotente desde los 35 años. Así, sin anestesia os lo cuento.

Por la diabetes, me explicó mi madre. Años de enfermedad y, bueno, el cuerpo que deja de responder. Por lo visto a mi abuelo también le pasó y mi madre lo sabía desde siempre. Ella lo asumió, lo vivió y bueno… lo sigue viviendo.

Yo, mientras tanto, procesando que llevo toda mi vida sin tener ni idea de esto.

Lo más surrealista es que a ella le sorprendía lo del móvil. Porque claro, si no puede… ¿Qué está intentando exactamente? ¿Un milagro tecnológico? ¿Un “a ver si hoy sí”?

Y ahí es donde me cambió todo.

Por un lado, alivio: mi padre no está engañando a mi madre. El chirulo no le funciona ni con medicación y parece ser que el hombre prueba y prueba con métodos cuestionable a ver si es capaz de recuperar esa dura pérdida (ojo al chiste).

Pero por otro lado, sentí una tristeza enorme. Porque de repente entendí que mi madre lleva media vida sin intimidad. Y eso, desde una mirada humana, duele, me duele por ella.

Porque sí, el sexo no lo es todo, pero también es vínculo, placer, conexión. Y nadie debería resignarse sin más. Estamos hablando de que su vida sexual se acabó con 35 años. ES MUY FUERTE.

Salí de esa conversación con la cabeza dando vueltas y una conclusión clara: nuestros padres son personas. Con deseos, frustraciones y silencios que no vemos.

Y a veces, descubrirlo… es un poco traumático. Pero también necesario.