Lo descubrí hace poco y todavía no sé si reírme, enfadarme o sentarme a replantearme media vida. Mi madre mintió en mi fecha de nacimiento para que el número fuera par. No por un error administrativo, no por un despiste del hospital. A propósito. Por numerología y el horóscopo.
Nací de madrugada, entre un día y otro. Según ella, llegué al mundo a las 23:50, pero decidió decir que había nacido a las 00:10 del día siguiente. Veinte minutos. Ese fue el margen que le pidió a los médicos que movieran como favor. ¿El motivo? Que el día impar no le gustaba, que el par tenía mejor energía y que, además, así mi signo encajaba mejor con no sé qué carta astral.
Yo tengo más de treinta años y ahora resulta que toda mi vida he celebrado mi cumpleaños un día que, técnicamente, no es el mío. Me enteré por una foto y un comentario de mi padre. Le pregunté a mi madre pensando que habría una explicación simple. Y la hubo: simple y surrealista.
Mi madre me lo contó sin ningún drama, incluso con un orgullo raro. Me dijo que en ese momento estaba muy metida en la astrología y que los números pares traen estabilidad. Que lo hizo por mi bien. El problema, para empezar, es que es mentira. Está en mis documentos oficiales, en mi DNI y en mi historia médica. Es una falsificación consciente.
Cuando se lo conté a mi pareja y amigos, las reacciones fueron de risa. Pero cuanto más lo pienso, más me molesta. No por el día en sí, sino por el fondo: mi madre decidió cambiar un dato básico de mi identidad por una creencia personal. Sin pensar en las consecuencias, porque estaba convencida de que sabía mejor que nadie qué me convenía.
Sé que me diréis que “total, son veinte minutos”, pero a mí me parece que sí pasa algo. No fue un ritual ni una pulsera; fue modificar un dato oficial. Fue imponer su visión del mundo en algo que no le pertenecía del todo. Cuando se lo reproché, se ofendió. Me dijo que soy demasiado racional y que gracias a eso he tenido una “vida más equilibrada”. Como si pudiera demostrarlo.
Eso es lo que me enfada de verdad: la idea de que las creencias personales justifican decisiones sobre los demás. Es esa línea fina entre cuidar y controlar. Yo sigo celebrando mi cumpleaños el día que pone en mi DNI por inercia, pero ahora, cuando alguien me pregunta por mi signo, no puedo evitar pensar que alguien decidió, antes de que yo pudiera hablar, quién tenía que ser.
SOFÍA ESTRELLA
