Soy bajita, siempre lo he sido, mido exactamente 156 centímetros y, aunque en su momento estuve esperando por el estirón del que todos hablaban, este nunca llegó. Aunque sí que llegó el “estirón” en cuanto al pecho y desde la adolescencia he tenido las tetas grandes.
Ahora, casi en la frontera de los cuarenta, me he decidido a recapitular todo el incordio que supone ser bajita y tener mucho pecho.
- Lo difícil que es encontrar ropa:
Es uno de los principales desafíos a los que nos encontramos ya que la ropa de muchas marcas (sobre todo las más populares), están pensadas para cuerpos con proporciones más “estándar” o tradicionales, y eso nos deja fuera al resto de mujeres que estamos fuera de esos estándares.
Es verdad, que algunas prendas como camisetas o vestidos se pueden ajustar en hombros y cintura, pero al llegar al pecho suelen quedar demasiado apretadas y es algo difícil de solucionar.

Por otro lado, las prendas que están diseñadas para mujeres con pecho grande no suelen tener en cuenta la altura de la persona lo que hace que, en lugar de resaltar las curvas, se pierda todo el contorno de la prenda y éste quede desproporcionada y, muchas ocasiones, parezca que lleves puesto un saco.
- El reto de encontrar un buen sujetador
Es otro de los problemas a los que nos enfrentamos y que, en mi experiencia, sigue teniendo difícil solución es que los sujetadores que ofrecen un buen soporte para pecho grande tampoco tienen en cuenta la altura de la persona, con lo que puedes encontrarte con que no te ajusten bien o que sean incómodos.
Es cierto que existen sujetadores especiales para tallas grandes, aunque la mayoría de las veces no son estéticamente agradables o están anticuados en cuanto a moda por lo que debemos elegir entre comodidad y estilo y eso frustra mucho.
- El dolor
Lo de tener las tetas grandes y ser bajita, suele ser sinónimo de dolor de espalda, hombros o cuello. Problema que aumenta si, además, no se cuenta con sujetadores adecuados y de buen soporte.
El peso de más se nota mucho cuando llevamos muchas horas de pie o tenemos que hacer ciertos esfuerzos físicos prolongados.
- Las miradas se desvían.
Otro gran incordio al ser bajita y tener tetas grandes es la atención no deseada que suele generar.

Tengo comprobado que las mujeres que tenemos mucho pecho, en especial las que somos bajitas y que parece que tenemos aún más pecho del que tenemos debido a la altura, solemos ser objeto de miradas y comentarios en muchas ocasiones desagradables. Incluso, en muchísimas ocasiones he pillado a muchas personas mirándome directamente a las tetas mientras hablo incapaces de fijarse en otra cosa.
- Autoestima
Todos los retos a los que me he referido anteriormente, han influido en ocasiones a mi autoestima y también han generado en mí una lucha interna constante ya que, entendía que no encajaba en los estándares establecidos, el ir a comprar ropa a veces se convertía en un suplicio y me avergonzaba en determinadas ocasiones de que mis pechos se convirtieran en la comidilla de cuchicheos y conversaciones.
¿Y entonces qué?
Bueno, con el paso de los años he entendido que la clave está en aceptar y aprender a escuchar a tu propio cuerpo y a no dejarse influenciar por cánones y estándares.
Ahora mismo, soy capaz de saber, casi sin probármelas antes, qué prendas de ropa me pueden sentar bien y aquellas que le van peor a mi cuerpo. También he encontrado marcas y tiendas de ropa interior que unen en una misma prenda comodidad y estilo. He corregido, además, la posición que tenía en mi espalda por defecto debido al pecho grande y, he trabajado en mejorar mi autoestima así que sí, aunque ser bajita y tener las tetas grandes en ocasiones es un suplicio, es solo una característica más de mi cuerpo que no define cómo soy y que estoy aprendiendo a querer tal y como es.
Angie Rigo