¿Sabéis esas publicaciones que, cada tanto, aparecen en redes y son del tipo “si alguien quiere decirme algo que no se atreva, que me escriba al privado. Prometo no hablar nunca de ello, si queréis” y la gente las sube a sus estados o a sus historias? A lo mejor ni os suena. Yo las he visto varias veces y hubo un momento dado, que aproveché una de ellas para decirle a una amiga mía que sabía que me había mentido y que procurase no volver a tratarme como una marioneta.
Os cuento lo que pasó.
Yo me fui a vivir a casa de Mercedes. No éramos las amigas más cercanas del planeta, pero cuando yo necesité sitio donde quedarme, ella se ofreció a alquilarme una habitación porque le venía bien la pasta. Era un win-win. Mercedes era algo mayor que yo y había tenido un despertar sexual más temprano que el mío por lo que, de pequeñas, nos recuerdo hablando de sexo y siendo ella la voz de la experiencia. Pero para cuando me fui a vivir con ella, ya estaba la cosa más o menos equilibrada. Por eso, cuando me comentó que ella había hecho un trío con dos amigos suyos (Raúl y Manolo, vamos a poner), no me escandalicé. Yo no había realizado esa práctica sexual en concreto, pero no estaba cerrada a la idea de probarlo alguna vez, si se daba la ocasión.
Desde el primer minuto que pasé en esa casa, Mercedes, Raúl y Manolo quedaban mucho para hacer planes para todos los públicos y, por lo tanto, me incluían. Íbamos a cenar, al cine, a pasear… Y yo, sabiendo la historia que había detrás, veía que se lanzaban miraditas e indirectas. Pero no solo no me molestaba, sino que pronto empecé a quedar yo a solas con Manolo y, sobre todo, con Raúl, cuando los demás no podían. Esto hizo que nuestra confianza creciera y un día, sin venir a cuento, Manolo me dijo que él nunca había estado en casa de Mercedes. Esto me chirrió, porque una cosa era mantener un trío en secreto, y otra muy distinta decir que no has estado en una casa en la que, perfectamente, yo hubiera podido pensar que él había podido ir, aunque fuera, a tomar un café.
Cuando se lo comenté a Mercedes, me dijo que el trío había tenido lugar en casa de Raúl y, por eso, Manolo no había estado nunca en su piso.
Seguimos quedando y, una tarde, Raúl me suelta que Manolo es virgen. Le dije que no me lo creía porque yo sabía cosas. Él no parecía entender a qué me estaba refiriendo yo. Y yo me tomaba eso como un intento de que yo no indagara en el tema del supuesto trío secreto.
A estas alturas, todas sabréis ya, desde el título y por lo que llevo contado, que ese trío nunca tuvo lugar. Y, por lo tanto, las miraditas e indirectas que yo creía ver, eran producto de mi imaginación y de Mercedes moviendo hilos para que yo pensara lo que no es.
Todo explotó una tarde en la que yo decidí que no podía más y le dije abiertamente a Raúl que yo sabía que había hecho un trío con Mercedes y Manolo. Él, incrédulo, primero lo negó todo y luego me explicó que acababa de meter la pata porque, supuestamente, él le había prometido a Mercedes que, si yo hacía alusión a un trío, él iba a decir que sí que existió. Pero a esas alturas él me consideraba a mí más amiga de lo que había sido para él Mercedes, así que me dijo directamente que mi amiga me había mentido.
Cuando le pedí explicaciones a Mercedes, creo que salió con otra excusa que yo, con el tiempo, desmonté. Pero, para aquel entonces, yo ya había dejado de convivir con ella, así que no le dije abiertamente que sabía que me había mentido, hasta que no vi la publicación en Instagram que os decía al principio. Ahí aproveché para aclararle que sabía que era una mentirosa, que no quería hablar del tema, que me daba igual, pero que procurase no volver a mentirme. Y ella ha cumplido la parte referente a no hablar nunca más del tema.
Ahora tenemos una relación distante. Y yo tengo la teoría de que lo que quería conseguir, era que yo viese los tríos como una posibilidad, por si se daba la oportunidad de hacer alguno. Hubiera sido tan fácil como preguntarme si estaba abierta a ello porque, por aquel entonces, la respuesta era afirmativa.
(Lady Ósea)
