En el instituto, Lucas era un chico que no llamaba demasiado la atención de sus compañeras. Y no entiendo bien la razón, porque era alto, rubio, fuerte…El tipo de chico que una describe cuando está imaginando a su hombre ideal. Pero Lucas siempre tuvo algo que no encajaba con las cualidades que le resultaban atractivas a la mayoría de chicas del instituto. Yo no sé decir qué era. Pero, la verdad, a mí tampoco me atraía. Yo lo veía como un amigo y nada más. Por suerte, ese sentimiento era correspondido y nunca tuvimos problemas de confusión en la relación. Por eso no entiendo la necesidad que tenía ese niño de mentir para aparentar que su vida era más interesante de lo que realmente era. Soltar embustes ya me parece una estrategia bastante pobre para llamar la atención, o impresionar, a una chica. Pero sigo sin entender a santo de qué me tenía que mentir a mí, si no buscaba resultarme atractivo.
Es bastante común, aunque moralmente reprochable, que los hombres mientan en las aplicaciones de citas sobre su altura, o el tamaño de su miembro. Como si a mí me importara. Porque, mientras nos movamos poco más o menos cerca de la media española, ya va bien. Pero eso da para otro post.
Lo que no entiendo es la necesidad de mentir, cara a cara, sobre cuestiones tan inverosímiles. Es que sus historias eran dignas de una película, de verdad. Hablando de películas, tras unas vacaciones de verano llegó a afirmar, en un recreo, que había pasado los meses no lectivos en París, haciendo el doblaje español de un personaje de una película de animación francesa. Ajá, sí. Cuando se le preguntaba cuánto le habían pagado por semejante trabajo (obviando que nuestro nivel de francés era justito por aquella época), te decía que no tenía el dinero ya en el banco porque, al haber ido a Francia sin el permiso de sus padres, cuando volvió (por supuesto sin que sus progenitores supieran dónde había estado todo el verano), su padre, al ver la supuesta cantidad de dinero que había en la cuenta de Lucas, asumió que era un error del banco y lo devolvió. Aja, sí. Pero es que cuando se le pedía ver alguna foto de París, te decía que no había tomado ni una sola instantánea en tres meses porque quería disfrutar del momento. Yo que sé. Es verdad que por aquel entonces el uso del Photoshop no estaba muy extendido y la IA ni siquiera existía. Pero intentar hacer un montaje chungo que aportara prueba gráfica de su supuesto viaje, hubiera estado bien. Por lo menos se habría currado la historia un poco más.
Supongo que él pensaba que sus mentiras estaban colando, porque yo no hice muchas preguntas más. Pero la cosa habría dado para un interrogatorio más amplio: cómo se compró el billete de avión necesario para llegar a París sin el permiso de sus padres, dónde se estuvo hospedando, siendo menos de edad, sin que nadie preguntase dónde estaban sus tutores legales, cómo consiguió ese supuesto trabajo de doblaje sin haber terminado el bachillerato…Una historia muy creíble, como veréis.
Pero fue más divertido escucharle, al año siguiente, asegurar que se había ido de vacaciones a Alemania y había coincidido allí en un restaurante con Antonio Banderas que, supuestamente, estaba allí rodando una película y habían mantenido una charla muy interesante. Como veis, todos sus delirios estaban relacionados con el cine. Y, como supondréis, tampoco había foto de eso. Pretendía colarme que había conocido a un famoso y no le había pedido un autógrafo, o una foto. Pero, claro, habiendo intentado sonar convincente con la historia del doblaje, imagino que esta le parecía más fácil.
Años después conoció a la que actualmente es su pareja y se acabaron las historias inverosímiles. Supongo que ya no tenía necesidad de llamar la atención de ninguna otra chica. Espero sinceramente que esta relación dure para siempre, porque no tengo el cuerpo para más tonterías.
