Las vacaciones de los niños ya están aquí. Si eres madre y aún no sabes que vas a hacer con tus hijos en verano, ya vas tarde.
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Algunos tiramos de colonias de verano, otros de excedencias, y otros cuentan con abuelos implicados que les echan una mano. Y estos últimos son los más afortunados. Son papás que no tiene que renunciar a trabajar, ni pagar un riñón por un campamento, porque sus padres se llevan a los peques al pueblo.
Los padres están tranquilos porque, con quién mejor que con los abuelos, y los niños tendrán un recuerdo precioso de los veranos de su infancia junto a sus abuelos.
El verano es complicado para la organización de los padres. Muy complicado. Los niños tienen casi tres meses de vacaciones, mientras los progenitores contamos con quince días. En el mejor de los caso, un mes, si es que tu empresa te deja cogerte las vacaciones completas de todo el año, o si te pones de acuerdo con tu pareja para coger una quincena distinta cada uno y tener más tiempo cubiertos a los niños. En cualquier caso, es insuficiente para cubrir todos los días que tienen a los niños en casa en verano.
Y es en ese momento es cuando descubres que hay abuelos y abuelos.

Están los que consideran que pasar tiempo con sus nietos es un privilegio y no una carga. Que se desviven por ayudar a sus hijos con los niños. Esos abuelos organizan planes con los nietos antes incluso de que termine el curso. Llaman a sus hijos para preguntar qué semanas necesitan ayuda con los peques. Se los llevan al pueblo, a la playa o a se mudan a la casa de su hija, si hace falta, para que sus nietos no se muevan y tengas sus juguetes y sus cosas a mano.
Y luego están los otros.
Los que ponen cara de mierda cuando les preguntas si pueden quedarse con los niños una mañana. Los que te recuerdan todo lo que tienen que hacer. Los que te explican lo cansados que están porque ya tienen una edad, aunque haya abuelos con diez años más que ellos en el parque con los nietos. Los que tienen casa en la playa pero no se llevan al nieto porque el niño se les puede ahogar en el mar o algo mucho peor.
Yo pertenezco al segundo grupo. Mis padres quieren ver a sus nietos todos los domingos para comer, pero que vayas tú también. No les dejes allí a los niños para escaparte un sábado a cenar con tu marido porque no. Y por supuesto, allí los niños no duermen, no vaya a ser que les den mala noche.
Que digo yo, tampoco pasa nada porque pasen ellos una mala noche para que yo duerma. Que llevo 3 años sin dormir, desde que nació mi hijo pequeño.
Yo cuando le pregunto a mi madre si puede quedarse con los niños, su respuesta nunca es un «claro, tráelos». Primero viene un silencio. Luego una mala cara. Después una lista de inconvenientes. Y finalmente, si la situación es realmente complicada, acepta. Pero acepta a regañadientes.
Y no sé qué es peor: que te digan que no o que te digan que sí haciéndote sentir que tus hijos son una molestia.

Que no te estoy pidiendo que te quedes a mis hijos el mes entero de julio, aunque yo trabaje. Te estoy pidiendo una tarde de sábado para irme al cine con mi marido. Julio ya me gastaré yo los euros en llevarlos a coles de verano. No te preocupes.
Me cuesta reconocerlo, pero a veces envidio a esas madres que te dicen que los niños se van todo el verano con los abuelos a la playa, y que ellos ya irán los quince días que tienen en agosto.
Me da envidia que algunas familias no tengan que hipotecarse para pagar campamentos de verano. Porque no son baratos.

Y ya el colmo: el otro día me cuenta una amiga, que sus padres se mudan a un piso al lado del suyo. Ella se compró hace años un piso lejos de sus padres, porque en su barrio de siempre era imposible, así que decidieron alejarse. Y ahora, que ha pasado unos años, que ella ha tenido hijos y sus padres se han jubilado, han decidido vender su piso de toda la vida para mudarse al lado de su hija y ayudarla con los nenes. ¡Olé por esos padres! Más implicación que esa es imposible.
A veces me pregunto si mis expectativas son demasiado altas. Quizá mis padres ya han criado a sus hijos y no quieren volver a empezar. Tienen derecho a disfrutar de su jubilación y a estar tranquilos, lo entiendo. Pero a veces una ayudita no viene mal.
Lo más fuerte es que mis abuelos se quedaban con nosotros todo el verano. Mi madre no trabajaba, pero de vez en cuando me venían a buscar al cole, o si mi madre tenía que hacer alguna gestión, me quedaba a comer en casa de mi abuela. Pero a mi madre como que le cuesta.
Por supuesto, nadie está obligado a ejercer de abuelo a jornada completa. Nadie tiene que sacrificar su vida ni convertirse en una guardería gratuita. Pero entre dedicarles tres meses enteros y poner mala cara por cuidarlos una tarde, existe un término medio.