Cuando una se separa cree que ya ha pasado lo peor. Pero cuando tienes hijos, lo peor viene después. Hay que repartir navidades, vacaciones escolares, festivales del cole y lo peor, los cumpleaños.
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Porque el cumpleaños de tus hijos es un solo día y ninguno de los padres queremos renunciar a no ver a nuestro hijo en el día de su cumpleaños, así que la única solución es juntarnos todos ese día.
Mi separación era reciente. Apenas habían pasado cinco meses desde que mi exmarido se había ido de casa.
No había sido una ruptura especialmente amistosa, pero tampoco un drama. Simplemente ya no nos soportábamos y decidimos que lo mejor era separarse. Pero no hubo terceras personas, solo que discutíamos y ya no nos queríamos.
Pero es cierto que yo comencé a salir con hombres al poco de separarme. Hacía años que dejé de sentir por mi ex, creo que hice el luto de la relación aún casada, así que no me costó empezar a quedar con chicos. De hecho, había ya uno que era especial. Trabajábamos juntos, un día nos fuimos a tomar unas cañas al salir de la oficina y surgió. No éramos aún nada oficial, pero digamos que nos estábamos conociendo y que estábamos bien.
Y entonces nuestra hija cumplía 6 años y la niña lo tenía claro, nos quería a su padre y a mí en su fiesta de cumpleaños. ¿Cómo le dices que no?

Así que organizamos una fiesta en un parque de bolas con sus amigos del cole. Él iría por un lado, yo por otro y todos pondríamos nuestra mejor sonrisa durante dos horas. Parecía fácil.
Unos días antes del cumple, yo quedé con mi amigo especial. Llamémosle Pedro.
Pedro, también separado, tenía una hija de la edad de la mía, así que quedamos una tarde para merendar en el Burger con los niños. Sin ninguna intención. Simplemente éramos dos padres amigos quedando para que sus hijos jueguen.
Pues nuestras hijas se hicieron súper amigas y la mía invitó a la suya a su cumpleaños, que era en dos días.

La verdad es que pensé que no iban a venir. Apenas llevábamos unas semanas quedando, y si aparecía en el cumple de mi hija, me iba a tocar dar muchas explicaciones que no me apetecían.
¡Pues apareció!
Al principio no le di importancia, pensé pues un padre más con su peque en un cumple infantil.
Pero claro, mi ex preguntó por él. Yo le dije “es un compañero de trabajo, que las niñas se conocen y la nuestra la ha invitado al cumpleaños”. No dijo nada, pero le vi la cara.
Durante los siguientes veinte minutos se dedicó a observarnos desde la otra punta de la mesa. Yo intentaba hablar con todos los padres para disimular.
En un momento en el que yo me levanté a pedir unos refrescos para unos papás que acababan de llegar, mi ex decidió que ese era el instante perfecto para hacer un comentario.
—Qué rápido has encontrado sustituto.
Me dijo al oído. Yo intenté quitarle hierro al asunto porque no quería tenerla con él en el cumpleaños de mi hija.
—No te montes películas. Ha venido con su hija.
Y entonces Pedro, que se estaba levantando en ese momento de la mesa, nos oyó y se metió.
—Tranquilo, que no he venido a quitarte el sitio de padre.
Mi ex dio un paso hacia él, se encaró y comenzaron una discusión de machitos que casi llega a mayores.
— No te metas en conversaciones ajenas. Que tú no sabes con quién hablas.
—El que no lo sabe eres tú.
—Baja el tonito.
—Oblígame.
Y, de repente, estaban los dos, uno en frente del otro, con las cabezas casi juntas a punto de liarse a palos.

Se hizo un silencia en la zona de padres. Todas las miradas se dirigieron hacia ellos. No llegaron a pegarse. Pero estuvieron tan cerca que uno de los padres tuvo que ponerse en medio.
La cosa se puso tan tensa que Pedro prefirió recoger a su hija y marcharse. Me escribió esa misma noche para decirme que prefería dar un paso atrás. Que bastante complicada era ya una separación como para añadir más tensión. El problema era que lo tenía que seguir viendo en el trabajo, pero bueno. Nota mental: no volver a liarme con compañeros de trabajo.
Al día siguiente fui la comidilla del grupo de padres. Yo veía como me miraban de reojo en la puerta del cole y cuchicheaban a mis espaldas, incluso padres que no habían estado allí porque no habíamos invitado a sus hijos.
Mi ex estuvo casi dos semanas sin dirigirme la palabra salvo para hablar de cosas de los niños. Sinceramente no sé por qué se puso celoso si nosotros llevábamos casi medio año separados y podíamos hacer nuestras vidas. Supongo que él aún siente algo por mí y no lleva bien verme con otro.
Lo que está claro es que fue un error llevar a mi amigo especial a la fiesta de cumpleaños de mi hija.
Escrito por Raquel Acosta, basado en la historia real de una seguidora.