Yo no había sido delgada en mi puta vida y déjame decirte, que ser delgada es rarísimo.

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Ahora que lo soy… estoy empezando a sospechar que la gente delgada vive en una realidad paralela que el resto desconocíamos completamente.

O sea, ¿esto era así? ¿TODO EL RATO? Porque perdona…pero estoy fascinada.

En los últimos dos años he perdido 50 kilos y ahora tengo un cuerpo normativo. Mido 1.78, uso una talla 40, entro en las tiendas “normales”, me pongo cualquier vaquero de Inditex y, aparentemente, he desbloqueado un nuevo nivel social.

Espectacular experiencia. Muy recomendable esta visita a este curioso universo paralelo.

La primera cosa que me llamó la atención fue que los hombres me miran por la calle.

Yo esto no lo había vivido jamás. Antes iba caminando y era literalmente un espíritu del bosque. Invisible. Nadie giraba la cabeza. Nadie me sostenía la mirada… nada, no sé, no pensé que era raro o que había otra forma de vivir, simplemente yo pasaba desapercibida como el 90% de los humanos lo pasaban ante mí.

Y ahora de repente voy por la calle y noto miradas. Algunas discretas y otras dignas de documental de National Geographic.

Enserio os digo, es que hay hombres que me miran con una mirada como si quisieran pedirme algo pero no me dicen nada, no sé, es todo muy raro.

Y claro, yo al principio pensaba: ¿Tengo algo en la cara? . No. ¿Voy manchada?. Tampoco.

¡Coño nena! ¡Que me están mirando a mí! 

Luego está el tema del metro. Esto me tiene completamente descolocada.

Antes, cuando había un asiento libre al lado de alguien, la gente hacía una micro pausa al verme. Una pausa de evaluación. Una pausa matemática. Como calculando si sus costillas sobrevivirían al trayecto.

Y ojo, no lo digo desde el drama, lo digo porque pasaba, esto era así y yo lo veía en sus caras. Ahora, sin embargo, la gente se recoloca para dejarme sitio ¡Me hacen hueco!¡HUECO!

Perdona, ¿Qué ha pasado aquí? ¿En qué momento he dejado de ser considerada un riesgo estructural para Renfe?

Y ni hablemos de las tiendas pequeñas/independientes…

Antes entraba y las dependientas ni se levantaban. Directamente daban por hecho que allí no había nada para mí y ojo  que  casi agradecía que no me dijeran lo de «Aquí no vas a tener talla ¿eh?»

Ahora entro y de repente «Hola preciosa, ¿te ayudo?» «¿Qué talla buscas?»»Esto te quedaría increíble»

¿Increíble el qué? Si soy la misma persona. Literalmente la misma.

Y lo más fuerte de todo no son las miradas. Ni la ropa. Ni el metro. Es que ahora la gente escucha lo que digo.

En reuniones, en conversaciones, en cualquier parte tía… es como si perder kilos hubiera hecho mágicamente mis opiniones más válidas.

Y claro, así normal que la delgadez se te suba un poco a la cabeza. Porque después de años sintiéndote invisible, de repente el mundo te trata como si fueras importante y tú piensas:

«Hostia… Igual puedo llegar a presidenta del Gobierno… O reina de España…O, mínimo, que me contesten los camareros sin mirarme por encima del hombro»

La gente delgada lleva toda la vida viviendo así y todavía tienen el valor de hacerse las sorprendidas cuando las mujeres con sobrepeso tienen un autoestima baja.

Como mejora en mi salud guai, pero… como experimento social ¡Esto está siendo la mayor aventura de mi vida!