FIV cuando tienes un IMC de más de 30

 

Cuando mi chico y yo decidimos que había llegado el momento de dejar los anticonceptivos yo tenía un ligero sobrepeso. Solamente eso, unos kilillos de más acumulados en la zona del flotador, que es a donde se me ha ido la grasa toda la vida.

Me los quitaba de vez en cuando recurriendo a las típicas dietas exprés y, aunque siempre volvían, a mí no me quitaban el sueño.

Pero cuando dejé la píldora para intentar concebir, empecé a engordar.

Cada mes pesaba un poco más que el anterior. Independientemente de mi dieta o mi grado de actividad física, la báscula me mostraba cada vez una cantidad mayor. Sin embargo, como fue una progresión relativamente lenta, no fui consciente del todo de lo que estaba pasando.

Dos años después de dejar la píldora, el embarazo no llegaba y yo pesaba veinte kilos más.

FIV cuando tienes un IMC de más de 30
Foto de Andres Ayrton en Pexels

Mi índice de masa corporal era por aquel entonces de 28. Por los pelos fuimos admitidos en la unidad de reproducción asistida, pero después de meses de pruebas, consultas y esperas, iniciamos nuestro primer ciclo de fecundación in vitro.

No salió bien. Solo fue posible obtener un embrión viable para transferencia y comencé a sangrar antes del primer análisis de beta.

Poco después de ese primer negativo tuvimos consulta con el médico responsable de decidir si nos dejaba hacer un nuevo intento o no. Sin mirarnos siquiera a la cara, repasó varias veces los papeles que había dentro de nuestro expediente y le dijo a la enfermera que podíamos hacer otro ciclo.

 

FIV cuando tienes un IMC de más de 30

 

En el tiempo transcurrido entre la primera inyección que me pusieron para la primera FIV y el día en que empezamos con la segunda, yo había cogido otros 8kg. Y eso cuando estaba comiendo mejor que en toda mi vida, controlando la ingesta de calorías y haciendo deporte con regularidad. Si había alguien interesado en que mi cuerpo estuviese en las mejores condiciones posibles, esa era yo. Pero mis hormonas y mi metabolismo no estaban por la misma labor.

Pese a que el médico que realizó la captación de ovocitos no me había visto jamás hasta que entré en quirófano, no se le escapó mi estado físico. Y no reprimió sus ganas de hacérmelo saber.

No pensó que quizá en esos instantes yo me encontraba en un estado demasiado vulnerable como para escucharle decirme que no creía que fuese a salir bien porque estaba demasiado gorda. Me preguntó cuánto pesaba, resopló indignado y me dijo que hacerme un ciclo a mí era una pérdida de tiempo y recursos. Que tenía que hablar con el Doctor Mengano (el médico que nos había dado el ok para el segundo intento) porque eso era algo intolerable. Y que ojalá estuviera equivocado, pero si no salía bien, que por favor no siguiese perdiendo mi tiempo ni el suyo mientras no adelgazase lo suficiente.

FIV cuando tienes un IMC de más de 30

Yo no juzgo la veracidad de sus palabras. Ni entro a juzgar tampoco hasta qué punto es correcto o no dedicar los escasos recursos públicos a intentar que yo me convierta en madre. Solo creo que no era el momento ni eran las formas.

De cualquier forma, tal como predijo, no me quedé embarazada. Y, tal como informó, su colega nos llamó a consulta para valorar un posible tercer ciclo y lo único que hizo fue pedirme que me subiera a la báscula. Cuando la enfermera terminó de medirme y pesarme, nos informó que ya no éramos aptos para más tratamientos. Mi IMC era de 33.

Así que nos quedamos fuera, al menos hasta que esa situación se revirtiese.

 

FIV cuando tienes un IMC de más de 30

 

No lo conseguí. De hecho, con la segunda tanda de medicación, la ansiedad y otros temas, lo que hice fue engordar todavía más.

Dadas las circunstancias físicas, psicológicas y económicas, mi chico y yo asumimos que no íbamos a tener hijos.

Sin embargo, en una de las vueltas de la vida, nuestra situación laboral mejoró sustancialmente y con ellos nuestra capacidad de ahorro. Por lo que, después de meditarlo muchísimo y con un IMC de 32, me sometí a un nuevo tratamiento de fecundación in vitro en una clínica privada.

Sé que no es así en todos los casos, que la suerte también participa en estas cuestiones y que el resultado no depende de invertir dinero o no. Pero en nuestra primera tentativa por la privada me quedé embarazada.

Finalmente conseguimos ser padres de un enano que nos vuelve locos y que compensa todos y cada de los malos ratos que pasamos en este proceso que se alargó más de siete años. Durante los cuales no dejé de culpar y torturar a un cuerpo al que, a pesar de haberme dado lo que más deseaba, todavía no soy capaz de amar como debería.

 

Anónimo

 

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