Me llamaron «hipócrita» por querer ser madre y defender a las que deciden no serlo (y les mandé a la mierda).

No recuerdo exactamente mi edad la primera vez que me preguntaron que CUÁNDO sería madre, sobre los 23, cuando acabé la carrera, creo… Por supuesto, desde niña me habían preguntado si tenía novios o cómo imaginaba mi familia de cuando fuera mayor, y jamás me di cuenta de que nunca valoraron otra opción, pero no recuerdo en qué momento esa imposición era ya real, el hipotético impuesto se había convertido en una necesidad social, y sé que fue un shock porque yo no estaba en un momento vital ni remotamente cercano a la crianza, pero pienso que no lo recuerdo porque se convirtió en algo habitual, dejó de ser algo puntual y pasó a ser una pregunta continua.

Más testimonios reales en whatsapp

Yo conformaba una pareja heterosexual con un chico y cada vez que me preguntaban por él, después hurgaban en ese supuesto futuro inminente: “¿Cuándo os mudáis juntos?”, “¿Vais a casaros?”, “Y pronto iréis a por el bebé, ¿no? Se te va a pasar el arroz”, “Me voy a morir sin conocer un sobrino-nieto”… Debió volarles la cabeza cuando, por diferentes motivos, mi novio (una bellísima persona) y yo rompimos nuestra relación, y para más inri, a los “29 añazos”, una incubadora anciana para ellos, empecé a salir con una chica.

Las preguntas tardaron poco y mi hastío menos: “¿Y ahora qué?” “¿No vas a tener hijos?” “¿Y cómo lo vas a tener?” “¿Y quién lo va a gestar?” “¿Pensáis en adoptar?”, etc. Y también comentarios que podían ahorrarse: “Bueno, podéis gestar uno cada uno”, “Podéis gestar el óvulo la una de la otra”, “Si tú no puedes, ella lo hará aunque no quiera”, “Ya, pero la adopción igual no es lo mismo”.

Nada vale, ninguna respuesta es buena. Y creo que he tenido suerte porque yo sí quiero ser madre, no quiero imaginar las turras que les dan a las que no. Es que han llegado a juzgar por qué mi pareja no quiere gestar por ser mujer o por qué la adopción o que una gestase su propio óvulo sería algo negativo, ya que “el bebé no se parecería a una de nosotras” o a ninguna.

Y no es una cosa puntual, está bastante generalizado. No solo debes ser madre, sino que debes serlo de un modo que sea aceptable para la sociedad; si no, tendrás que pasar determinados trances hasta que tu familia se parezca a la de la gran mayoría.

 

Una mujer no es menos mujer, ni menos válida, por no traer una vida al mundo; su existencia no tiene por qué estar vacía ni sufrir por algo que no desea o quizás no puede tener de la misma forma que otros. No nacemos con únicamente el fin reproductivo de la especie, aunque seamos necesarias para ello, eso no impone que sea obligatorio en nuestra existencia. Ser madre no es un deber vital.

Hay mujeres que no son madres porque no quieren, anhelan otro tipo de vida y no hay nada que juzgar. Las hay que quieren serlo y, por lo que sea, no pueden, y no hay nada que preguntarles porque puedes hacerles daño. Hay mujeres madres que igual no querrían serlo y les tocó por diferentes motivos. Y también las hay  que han aguantado chapas interminables sobre este tema. Y un eterno etcétera. Hay mujeres y su maternidad o la ausencia de ella no te importan.

Pues ya el colmo: recientemente me han llamado hipócrita porque yo quiero ser madre y “sigo” defendiendo que la maternidad es una elección y no una obligación. De hecho, me sentí muy identificada hace muy poco con una youtuber e influencer conocida que acaba de publicar que va a ser mamá; en el vídeo lo primero que hace es justificar que, a pesar de ser abiertamente partidaria de que cada mujer haga lo que quiera, está feliz de estar embarazada.

Así que el otro día, después de muchos años de preguntas e impertinencias, exploté ante este tipo de insinuación y mandé a la mierda a la persona que me dijo tal estupidez. No tengo por qué justificar nada, ser madre sin querer serlo creo que genera más infelicidad que cumplir con las imposiciones sociales. Nada ni nadie tiene que elegir, o siquiera opinar, qué voy a hacer con mi vida, con mi cuerpo y con la decisión de traer una criatura al mundo.

 Dalia Suárez