33 años tengo como 33 soles. Vivo sola, soy independiente desde hace muchos años, tengo mi trabajo, mi piso y mis cosas. Pero nunca podría imaginar que el Halloween pasado terminaría mi día sentada en la escalera de un bloque de vecinos, disfrazada de bruja y a medio vestir.
Os cuento:
Tengo una amiga que está un poco loca pero con la que me divierto mucho. Me convenció para que fuese con ella a una fiesta de Halloween con un grupo de gente que yo no tenía el gusto de conocer aún, pero eso a mí no me suponía problema porque me flipa charlar con gente diferente. Me disfracé de bruja y ella de diabla, y allí que nos fuimos. Entramos en un local abarrotado de peña y la verdad es que la noche fue la pera. Bailes, copas y sobre todo muchas pero que muchas risas.

Ligué con un chico súper pivón vestido de Frankenstein. La cosa es que después me dijo que tenía 25 años y entre risas y cubatas me invitó a su casa. Lo que no sabía yo antes de presentarme allí, con mi disfraz de bruja, no lo olvidemos, era que el chaval era aún estudiante y que vivía con su abuela.
Al entrar en el piso me lo dijo y la verdad es que no podía negar que era la casa de una señora mayor: los tapetes de ganchillo, los muebles oscuros y los marcos de fotos antiguas, no dejaban lugar a dudas.
Empezamos a enrollarnos en el salón y todo iba como la seda hasta que de pronto me di cuenta de que se le había olvidado un pequeño detalle, y era decirme que la abuela estaba en casa. No me preguntéis por qué, pero di por sentado que si Frankenstein me llevaba al piso, sería porque estaríamos solos. Pero no. Eran las 3 de la mañana y el buen muchacho pensó que como la abuela estaba un poco sorda y estaría dormida, que no se iba a enterar de que él había llevado visita.
Cuando estábamos medio desnudos, de pronto se encendió la luz del pasillo y podéis imaginaros el susto. Él me metió en un rincón y me escondió mientras salía al pasillo a saludar a su abuela y a decirle que justo llegaba de fiesta.
Yo lo que quería en ese momento era que la mujer se fuese de nuevo a la cama para salir de allí corriendo, pero se empeñó, como buena abuela, en prepararle algo de cena a su nieto, de manera que allí me quedé, en el rincón en silencio escondida, mientras le preparaba huevos con salchichas, pensando en qué momento se podía estar dando esta situación tan surrealista en mi vida. En si era un programa de cámara oculta o algo.

En un momento dado, Frankenstein, aprovechando que la abuela estaba de espaldas, me achuchó a la puerta para que me fuese, así que con mi disfraz de bruja a medio poner salí corriendo como alma que lleva el diablo.
Cuando iba por las escaleras, me percaté de que me había dejado allí el bolso con las llaves del coche y de mi casa, menos mal que llevaba el móvil en la mano, y allí sentada, tuve que esperar a que terminase el buen muchacho de cenar para que la abuela se durmiera y pudiese salir a la escalera a devolverme mi bolso y mi dignidad y poder por fin pirarme y olvidar el episodio más ridículo de mi vida. Y encima me vine sin polvo y sin probar la cena, con el hambre que entra con la resaca.
Anónimo
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