Soy gorda y una diosa en la cama. Y no lo digo yo: lo dicen la báscula y mis amantes. Trisco mucho y trisco muy bien. Y como mucho y como bien, literal y metafóricamente hablando. En fin, que ni oculto mi gordura ni mi gusto por el sexo.
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¿A qué llamo gorda? Talla 50, tetas descomunales, barriga de blandiblú y piernas lipedémicas, celulitosas y plagadas de varices. ¿Pasa algo? Nada en absoluto. Me pongo lo que me sale del papo y me lo quito cuando el papo me lo pide.
Y, en una de esas peticiones, me subí a casa con uno de esos pervertidos a los que las gordas le ponemos a mil. Sólo quiere follar con gordas, pero no que le vean con ellas. Y yo, como ya estoy de vuelta y media de todas estas cosas, pues los acepto si me apetece. Y me apetecía.
El susodicho estaba muy bueno y yo muy caliente. Nos vimos en el garito en el que estaba con mis amigas y el tío no me dio mucho tiempo para pensarme el subírmelo a casa. Mi casa estaba cerca y los dos teníamos ganas de mambo.
Oye, que no era el típico de: “si está gorda, te hace lo que quieras”, era más bien lo contrario. Como estoy gorda me hizo de todo lo que le pedí: me comió hasta el intestino delgado (si es que el mío se puede llamar así), me lamió los ocho kilos que tienen que pesar mis tetas y me hizo correrme muchas veces. Y me lo gocé a lo bestia.
Eso sí, cuando terminamos, nos acurrucamos en mi cama y me pidió apoyar su cabeza en mi barriga. Al principio pensé que era por comodidad porque en mi mini-piso sólo hay una cama de 135. Pero luego empezó a hacer ruiditos placenteros y a mover la cabeza de un lado para otro, como si fuera un gatito restregándose en mi vientre.
Se le puso como la torre Eiffel. Y siguió moviendo la cabeza en mi barriga y se empezó a masturbar. Yo estaba flipando. No sabía si reírme, llorar o mandarle a su casa.
Pues no hice nada. Pensé que ya que él me había dado lo mío, lo de mi prima y la vecina, qué más me daba que se hiciera una pajilla mientras se restregaba en mi barriga. ¿Que era raro? Pues sí, pero a mí también me gusta restregar la mano en una buena tableta de chocolate. Así que ahora, con los meses, me planteo que, si el hacerlo con un vientre terso y mazado puede ser placentero, ¿por qué no con uno blandito y amoroso?
Se corrió. Se fue y no nos dimos el teléfono. Seguro que no se lo contaría a nadie pero le gustó. Y a mí también. ¿Era gordofóbico? Pues seguro, pero me la suda. Fuera lo que fuera nos lo pasamos muy bien. Yo con esos no repito ni los quiero para nada más, pero los exprimo, y que les den.
Anónimo
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