Os juro por mi abuela Carmen Lucrecia (real que mi abuela se llama así también) que lo que os voy a contar es verídico al 100% y que me pasa por reírme siempre de los follodramas del foro. Karma in da face nena.

Resulta que decidí bajarme el Tinder  para un poco de dale alegría a la almeja macarena, que tu almeja es pa darle alegría de la buena.

Y quiso mi Lola Flores que en paz descanse que yo topase con un moreno de estos que tú lo ves y sabes que hay química, básicamente porque tienes que despegar las bragas del suelo. Así que ahí iba yo, más dispuesta que todas cosas, con el parruset  depiladito, las únicas bragas que no tienen agujeros, manchas de la regla o dibujitos de Scooby doo y un sujetador push up de varillas que respirar, no mucho, pero me hacía dos tetas como para parar un ave y mandarlo de vuelta.

El moreno – de cuyo nombre no quiero acordarme y que llamaremos Christian- me recogió a la hora prevista y yo la verdad es que había ido allí para que me comiera el coño, no para pasarme tres horas perdiendo el tiempo en un bar, me puse fisna y le dije que prefería un ambiente más íntimo. El mozalbete pareció pillarlo a la primera y empezó a meterme mano en su coche. HALELULLA 

Subimos como pudimos a su piso. Que si te meto la mano dentro del pantalón, que si te tiro del pelo…yo ya estaba más caliente que el palo de un churrero y preparada para que me enseñara todo lo negro.

A este punto diré que yo llevaba siete meses sin NINGÚN TIPO DE CHUSCAMIENTO y que pocas cosas iban a hacer que yo no saliera de esa casa andando como un cervatillo. Pero está claro que no cogerle el romero a la rumana de la esquina de mi casa me ha pasado factura.

A esto que el chaval me tira en la cama, me quita las medias y el vestido, abre su boquita y me suelta:

– «Me encantaría comerte las uñas de los pies»

Yo al borde de la apoplejía, evidentemente, pienso que he escuchado mal. Y emito un sonido sordo cual foca epiléptica. Pero dejadme deciros que no, que no escuché mal (en este punto la rumana está bailando el aserejé). Que se las quería comer. Mis uñas. SUCIAS. Porque bueno, mira, limpias tiene un pase. Que yo me como las uñas de las manos y no sé qué haría en tiempos de necesidad…pero es que ay que fatiga la de los pies.

Al chaval le dije que me estaba cagando con urgencia y que yo o cagaba en casa o nada, que ya si eso le mandaba un saquito la próxima vez que me cortara las uñas.

Al final, nada de almejas, más bien una ración de mejillones.

 

Anónimo

 

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