De esto que estás en un cumpleaños infantil y otra madre te hace alusión a una bruja de un pueblo cercano. Yo creía que era una tarotista, pero es una vidente, una de esas personas que tienen capacidades sobrenaturales que no entran en la cabeza de nadie pero que es un hecho que existen. Que me lo digan a mí.

En aquella reunión esta amiga nos estuvo contando todo lo que le dijo a ella y que se lo había acertado todo. Yo no soy consumidora de este tipo de asuntos, creo que tan solo una vez en mi vida con 20 años o así me eché las cartas. Pero bueno, me encuentro en una situación complicada y de pronto pensé que lo mismo era una buena idea, y, además, la verdad es que me pudo la curiosidad.

Allá que voy yo, ni corta ni perezosa y le pido cita a la mujer. El día que me presento allí, como os digo yo creía que me iba a echar las cartas, pero nada que ver, era una mujer de unos cincuenta y tantos años en el salón de su casa. La casa no podía ser más rococó. Todo muy a tono.

Me senté y me dijo que si me podía acariciar las manos. Yo me cagué, pero ya estaba allí y no podía echarme atrás. Con mis manos en las suyas, la señora empezó a contarme cosas de mí que no podía saber de ninguna manera. Secretos familiares, datos personales. Número de hijos, situación sentimental con mi marido, datos de mi marido que sólo yo sabía. Me habló del trabajo y de que me estaban haciendo la cama en la empresa, y aunque yo no lo sospechaba en ese momento, es verdad que desde entonces presto más atención y ahora no lo descarto. Mira, por lo menos me va a servir para que no me pille desprevenida y por sorpresa, en caso de darse.

Me habló de una amiga mía íntima, me dio hasta la inicial de su nombre, y me comentó que no era trigo limpio y que me la iba a jugar también. A esto no le eché mucha cuenta, pero recientemente he tenido con ella un conato de problema que no pinta bien.

Me dijo también que debía hacerme revisiones porque algo no iba bien en mi cuerpo, y efectivamente tengo mal el tiroides y me he dado cuenta pronto porque ella me ha puesto en aviso. Si no, el tiroides hubiera terminado dando la cara obviamente, pero vete a saber cómo y cuándo.

En fin, todo bien por ese lado. Lo que realmente me tiene asustada a más no poder, y aquí sí que la sugestión me tiene frita, es que me habló de una muerte en primera línea de consanguinidad. Me habló de un accidente repentino donde más personas saldrían heridas, pero una de ellas, moriría, y desde entonces, vivo acojonada cada vez que mis hermanos o mi madre se montan en un coche o viven algún tipo de “riesgo”. Pero es que ahí no queda la cosa, porque mis hijos también entrarían en el lote, y aunque ella no me habló de mí como parte de ese accidente, me da pánico que mis hijos se monten en un coche, hasta conmigo o con su padre.

Sé que no se puede esquivar el futuro, y siquiera tengo la certeza de que esto vaya a suceder, pero es un hecho que desde entonces vivo cagada ante el hecho de poder perder de pronto a uno de mis seres queridos, y sabiéndolo, no poder hacer nada por evitarlo. 

Moraleja: no vayáis a videntes si no vais a ser capaces de controlar la sugestión como tristemente me está pasando a mí.

 

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