Melancolía noventera
A medida que pasan los años, tengo cada vez más la sensación de que todo va muy rápido.
La gente ya no se mira a los ojos, vamos todos con la cabeza incrustada en el móvil, los niños ya no juegan con peonzas en las calles, las parejas ya no tienen conversaciones relajadas mientras cenan y todo tiene que ser inmediato, para antes de ayer.
Vivimos a un ritmo desaforado que nos tiene agotados y, muchas veces, en esa espiral de prisas y estrés, yo, me pongo nostálgica y recuerdo con melancolía épocas anteriores en las que yo era inmensamente feliz con nuestro slow life y nuestras vidas analógicas.
Los 90 fueron esa época donde tu móvil… era un teléfono fijo conectado con un cable a la pared del comedor de tu casa, no existían WhatsApp, Facebook, Instagram ni Tik Tok, así que tus amigos tenían que llamarte al fijo y preguntarle a tu madre si estabas en casa o picar al telefonillo para decirte que bajaras.
Tus selfies, eran fotos en Polaroid y, en verano, te comprabas un carrete de fotos para tu cámara analógica y cada foto que te hacías de vacaciones, con la familia o con tus amigos era única e irrepetible, solo tenías un disparo y había que aprovecharlo bien, no había filtros ni apps para editar y tenías que esperar pacientemente hasta que el fotógrafo revelaba tu carrete para ver si habías salido con los ojos cerrados.
Fue la época en la que aquello del “internet” nos llegaba a pedales a través de un módem mega ruidoso con el que tenías que armarte de paciencia para conectarte, también estrenamos los primeros móviles ladrillo de la mano de Nokia, llegaron las consolas míticas como la Sega Megadrive y la Play Station y nacieron los primeros canales privados de televisión: Telecinco y Antena 3.
La música estaba en vinilos que los Dj’s pinchaban y en cassettes que rebobinábamos con un boli VIC y nuestro Spotify eran los programas de radio con locutores encantadores y carismáticos como nuestro querido Joaquín Lucky. Poníamos nuestra emisora de referencia y esperábamos con ansia que pusieran nuestra canción favorita para grabarla mientras cruzabas los dedos para que el locutor no hablara entremedias y te fastidiara la grabación y vivíamos pegados al walkman en cualquier lugar.
Y hablando de entretenimiento, nuestros pasatiempos favoritos eran jugar a la Gameboy, las discotecas light con música máquina, las quedadas en los cibercafés para chatear, coleccionar los posters de la Super Pop que salían cada semana, escuchar música en nuestro radiocasete y forrar nuestras carpetas con fotos de Take That.
Ahora, recordemos el cine y las series ya que nos dejaron un gran legado.
En el ámbito internacional se produjeron peliculones como Titanic, Pulp Fiction, El Guardaespaldas, El Rey León, Jurassic Park, Forest Gump, Matrix, Pretty Woman … en fin, un combo de drama, acción y nostalgia que aún vemos en streaming entre risas y lágrimas.
También llegaron a nuestras pantallas un sinfín de series americanas que nos tuvieron enganchados como: el Príncipe de Bel Air con el divertidísimo Will Smith y los bailes imposibles de su primo Carlton, Cosas de casa con el entrañable Steve Urkel, Friends, con el romance entre Rachel y Ross, Sensación de vivir, con el irresistible Luke Perry que enamoró a todas las chicas del mundo a través de su personaje de Dylan, Sabrina, nuestra bruja favorita, The Nanny o como la conocíamos aquí, La Tata, con la carismática Fran Fine como protagonista y un largo etc.
Y si nos vamos al panorama nacional, los 90-2000 nos dejaron un porrón de series para el recuerdo que representaban a la perfección el estilo de vida de aquella época y nos mantenían en vilo semana tras semana a la espera de la emisión de un nuevo capítulo, porque, amigos, en aquel entonces no era como ahora que te puedes hacer una maratón de Netflix y verte una serie entera de una sentada, no señor, toda la familia se reunía frente al televisor la noche que emitían su serie favorita para verla juntos y, después, había que esperar con resignación cristiana una semana entera para poder ver el siguiente capitulo.
Series como Farmacia de Guardia, Médico de Familia, Manos a la obra, con Manolo y Benito, que se convirtieron en los 2 albañiles más famosos de España, Al salir de clase, que fue una de las pioneras y precursoras de todas las que vendrían después dedicadas a los adolescentes, como fue el caso de Compañeros con los inolvidables Quimi y Valle.
Y ya, si nos acercamos más a los 2000, no podía faltar Los Serrano, que, pese a tener un final abrupto e inesperado fue una de las series más queridas y como no, “Aquí no hay quien viva” que nos regaló personajes tan carismáticos y especiales como Emilio, Juan Cuesta o Belén y que fue la precursora de la actual serie “La que se avecina” con un elenco de ensueño que nos mataba de la risa con sus ocurrencias y vendettas vecinales.
Si algo caracteriza los 90 y 2000 fue la revolución que se produjo con la llegada de los primeros realities televisivos y los nuevos formatos de entretenimiento que abrieron una ventana a una dimensión totalmente desconocida hasta el momento.
Llegaron a nuestra pantalla programas como “¿Qué apostamos?”, “El Grand Prix” que ha sido recuperado recientemente, “El Juego de la Oca”, o sin duda, uno de los bombazos más exitosos “Crónicas Marcianas” que simulaba estar en el planeta rojo para analizar y comentar de forma irónica y desinhibida la vida en la Tierra, abarcando temas de actualidad, política y del mundo del corazón.
Se convirtió en líder de la audiencia nocturna en España y es recordado como un referente de los primeros formatos denominados como «telebasura» y por haber sido el artífice de lanzar a la fama a varios personajes de lo más controvertidos del mundo del corazón y el espectáculo.
Otro programa que sin duda fue de los más vistos de aquella época y con un formato de lo más surrealista fue “El Diario de Patricia” un magazine que se emitía cada tarde y donde podíamos ver a gente corriente peleándose, reconciliándose, contando sus penurias, buscando pareja, confesando infidelidades, en fin…
¡Había una retahíla de personajes que Almodóvar podría sacar fácilmente una trilogía!
También vivimos con gran emoción y expectación las primeras ediciones de programas como Gran Hermano y Operación Triunfo, donde toda España se volcó de lleno con los participantes desatando la locura con cada gala, sufriendo cada expulsión y apoyando a su participante favorito a través de los SMS.
Aquel fenómeno culminó con el romance más sonado de la academia entre David Bisbal y Chenoa que paralizaron el país el día que cantaron juntos la canción “Escondidos” y las frases célebres que quedarán para la posteridad pronunciadas por los participantes de Gran Hermano como: ¡Quien me pone la pierna encima para que no levante cabeza, quien!
¡Y cómo olvidar la participación de nuestra querida Rosa de España en Eurovisión!
Si hablamos de música… para mí, los 90-2000 son sin duda mi época favorita porque fue tremendamente prolifera. Pop, rock, hip-hop, dance, flamenco… y todos bailábamos con canciones que hoy aún nos hacen movernos involuntariamente, grandes éxitos atemporales.
Quien no ha cantado 1000 veces el “Corazón partio” de Alejandro Sanz, “La Flaca” de Jarabe de Palo, “Noches de bohemia” de Navajita Plateá, “Pájaros de barro” de Manolo García, “La raja de tu falda” de Estopa, “Amores de barra” de Ella baila sola o “La fuerza del destino” de Mecano entre tantísimos grandes hits de la música española que nos regaló esa década.
Y si hablamos del panorama internacional, fue la eclosión de innumerables solistas femeninas con voces extraordinarias como Whitney Houston, Mariah Carey, Celine Dion, Christina Aguilera o Beyoncé y también, de otras, como Britney Spears, única e irrepetible, que, aunque no tenían grandes voces, si derrochaban carisma y nos conquistaron con sus canciones pegadizas y sus bailes hipnóticos.
Y no podemos dar un repaso a la música de los 90-2000 sin hablar de las Boys Band que nos volvían locas.
Los más míticos fueron New kids on the block, Take That, Backstreet Boys y NSYNC convirtiéndose en verdaderos iconos de la cultura Pop sentando las bases para fenómenos musicales posteriores.
Pero no olvidemos que también hubo espacio para las bandas femeninas como las Spice Girls, Destinys Child o TLC.
Y para terminar de hacer este repaso recordemos toda la vertiente musical más alternativa de bandas como Nirvana, Oasis, Blur, Red Hot Chilli Peppers, Suede, R.E.M, Smashing Pumpkins o The Offspring que causaron verdadero furor.
Si hablamos de la moda y la estética de esa época también podemos recordar outfits para echarse a llorar.
Vaqueros anchos, camisas de cuadros, chalecos, bambas de plataforma Buffalo. También recordemos que había un montón de tribus urbanas que se caracterizaban por el estilo musical que les gustaba y el atuendo iba a conjunto.
Estaban los “Bakalas” que escuchaban música máquina y llevaban siempre el chándal y la chaqueta bomber.
Después teníamos a los “Canis” que eran la versión 2.0 de los “Bakalas”.
Su religión era el tunning y el chándal de Nike y una muestra muy representativa de su mundo fue la película de Bigas Luna “Yo soy la Juani” y tenían hasta un personaje de ficción creado por Edu Soto que se hizo famosísimo por sus performances y su frase “Qué pasa Neng”, el Neng de Castefa.
Y finalmente, teníamos a los raperos que escuchaban hip hop y se caracterizaban por llevar ropa muy ancha, sudaderas Fubu y boinas Kangol y escuchaban desde 2Pac o Wu-Tang Clan hasta hip hop nacional con Violadores del verso o SFDK.
En cuanto a la moda para los adultos, en términos generales, predominada la ropa holgada, como los jeans anchos y camisetas largas, había una clara influencia del estilo grunge con camisas de franela y vaqueros rotos, y la ropa deportiva, incluyendo chándales, gorras y zapatillas voluminosas.
Y no podemos olvidarnos de las chaquetas con hombreras, las mallas de lycra y las mechas rubias oxigenadas con cardados y flequillos imposibles.
Y para terminar con este viaje en el tiempo, no podemos olvidar, que fue una época muy prolífera para la prensa del corazón.
Teníamos programas como “Aquí hay tomate” o “Salsa Rosa” dónde se cebaban con todas las celebrities del momento y no dejaban títere con cabeza.
Recuerdo especialmente cosas como la relación entre el torero Jesulín de Ubrique y Belén Esteban, que, aunque fue corta ha traído tela para rato, la turbulenta y mediática relación entre Isabel Pantoja y Julián Muñoz, que terminó en cárcel para los dos, y la boda del torero Fran Rivera con Eugenia Martínez de Irujo, hija, de la entrañable Duquesa de Alba.
Indudablemente, los 90 y los 2000 fueron la adolescencia de España: inocencia analógica, slow life y mucho salseo.
¡Qué tiempo tan feliz!
Happy Gal



