Con los años he llegado a una conclusión que no admite debate.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado
Hay dos tipos de personas en esta vida: Las que friegan mientras cocinan y las criminales.
No estoy hablando de asesinos, estafadores o gente que se cuela en la fila del supermercado.
Estoy hablando de esa gente que prepara una tortilla, una ensalada, una sopa y un postre y, cuando termina, deja la cocina como si fuera Chernóbil
Yo no entiendo cómo viven, de verdad que no, yo no comprendo…
Porque para mí cocinar implica una regla muy sencilla: utilizas algo, lo limpias. Cortas una cebolla, limpias la tabla. Usas una sartén, la dejas lista. Manchas una encimera, la limpias. Que no me parece tan complicado de entender…
Es un proceso natural, como respirar, como parpadear… Sin embargo, existe una especie de ser humano que parece incapaz de funcionar así. Son personas que cocinan como si tuvieran contratado un equipo de limpieza invisible.
Y lo que más me revienta es que la excusa suele ser «Eso ya se hará después». Ya… exactamente ¿cuando? Cuando yo decida limpiarlo ¿no?
Abres un armario y hay tres cucharas sucias, abres otro y aparece una montaña de cuencos, miras el fregadero y parece que están recreado el hundimiento del Titanic.
Y lo peor es la tranquilidad, porque encima viven relajados y esa es su mayor arma: «Si te molesta límpialo, a mí no me molesta»

Terminan de cocinar, sirven la cena y se sientan tan tranquilos, mientras yo estoy mirando la cocina como quien contempla la escena de un crimen.
Os juro que no puedo disfrutar de la comida, no puedo relajarme, no puedo mantener una conversación, me arde el alma por dentro.
Mi cerebro solo repite: Hay una sartén sucia. Hay una sartén sucia.Hay una sartén sucia.
Una vez intenté convivir con una de estas personas y no se puede. Es un trágico error.
Llegó a utilizar cinco recipientes distintos para preparar unos simples macarrones.
Vamos, que ni los concursantes de MasterChef trabajando por equipos hacen semejante destrozo. Cuando terminó, la cocina parecía el backstage de un festival y aquella noche entendí que el amor tiene límites y que uno de ellos es encontrar una espátula pegada al techo tres días después.
La gente dice que las relaciones se rompen por el dinero, por los celos o por la falta de comunicación.
Mentira tía: las relaciones se rompen porque una persona está fregando la tabla de cortar mientras la otra ha decidido abandonar una olla con restos de tomate para que la estudien las futuras generaciones.
Por eso sostengo que la compatibilidad real no se mide en gustos musicales, valores o planes de futuro. Se mide en una sola pregunta: ¿Friegas mientras cocinas?
Si la respuesta es no, tengo malas noticias, quizás no seas mala persona, pero eres un auténtico criminal.