Instinto maternal: el falso mito de mujeres incompletas por decidir no ser madres
El instinto maternal es una falacia patriarcal que tiene como objetivo instrumentalizar la maternidad para otorgar a las mujeres un destino con rol pasivo. De esta manera, se busca legitimar la idea de que una mujer solo puede sentirse completa si se convierte en madre y, por otro lado, se demoniza a otra que rechace tener descendencia.
No hay evidencia científica que avale la existencia del instinto maternal en las mujeres. Tampoco encontramos una predisposición natural a la crianza de los hijos. Aunque sí se produzcan cambios hormonales y psicológicos en el embarazo, el instinto maternal intenta justificar la maternidad como una necesidad biológica y no como una decisión voluntaria. Dejemos en paz a la bilogía. No amparemos bajo el paraguas de lo “natural” lo que deriva de una presión que nace del contexto social en que el que vivimos. En las sociedades neolíticas, la maternidad se ha utilizado como un arma de subyugación; en el capitalismo, se condena a la mujer que priorice el trabajo a la maternidad.
El mal usado término “instinto”
No soy académica de la RAE, pero sí que vivo del lenguaje. “Instinto”, del latín instinctus (impulso, inspiración), conjunto de pautas de reacción que, en los animales, contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie. Por ejemplo, el hambre: hay que comer si no queremos morir por inanición. Y, sí, también tenemos que reproducirnos si no queremos la extinción del ser humano, pero… eso no va ligado del deseo intrínseco de tener hijos. Ni mucho menos que ese supuesto “instinto” sea puramente “maternal” (de la mujer).

Del “instinto maternal” al “amor materno”
Viendo el poco éxito del término “instinto”, en la actualidad se ha optado por hablar del “amor materno”. Gestar y parir no te hace amar instantáneamente. Que tú o tu prima hayas sentido el subidón de oxitocina como un flechazo de amor verdadero, la realidad de muchas mujeres no es esa. Algunas reciben a sus bebés entre sus brazos y solo piensan en que alguien se lo lleve para poder dormir un rato. Su realidad es tan válida como la tuya; del critiqueo vienen las depresiones postparto. Normalicemos que no todas sentimos ese “amor materno” desde el minuto cero. ¿Sabes por qué? Porque tampoco existe.
Y es que parece que, cuando eres madre, ya dejas de existir como mujer y todo tu mundo debe girar en torno a tus retoños. Si no quieres dar el pecho o reincorporarte al trabajo lo antes posible, eres una “madre antinatura”. Dejamos de tener derecho a quejarnos porque has sido madre y está cumpliendo con tu destino. Estamos obligadas a sentirnos felices con nuestra nueva vida y, de arrepentirte, la sociedad te cancela.
El polémico “reloj biológico”
Hace medio siglo, cuando algunas mujeres cruzaban el umbral de los 30 años, sentían cercano el fin de su periodo fértil y comenzaba un cierto agobio por embarazarse. Se activaba el conocido “tic-tac” de su “reloj biológico”. Una cuenta atrás. Otra falacia más, dicho sea de paso. No tenemos ningún reloj, o al menos no biológico; el que luzcas en tu muñeca no debería hacerte sentir ansiedad de calendario. A día de hoy, en el mundo occidental, esa franja de edad se ha trasladado a los 40 años. Eso sí, si viajamos a otras culturas, una mujer sin hijos de 20 puede ser considerada una “solterona”. ¿Qué quiere decir esto? Que el “reloj biológico” tiene poco de biológico y se debe más bien a condicionantes socioculturales.
¿Instinto maternal? Mi coño.