Viajar con amigas suena perfecto en teoría: sol, risas y fotos increíbles para Instagram. Sin embargo, la realidad suele ser un poco más complicada. Desde el momento en que empiezas a planificar, las diferencias en gustos y expectativas se convierten en pequeñas guerras que, si bien pueden ser divertidas, a menudo revelan que las vacaciones con amigas están, definitivamente, sobrevaloradas.
¿Qué puede salir mal cuando decides irte a la playa unos días con las chicas? ¡Prácticamente todo! No sé a vosotras, pero a mí me cuesta mucho quedar con mis amigas para tomar una cerveza, así que organizar una escapada ya ni os cuento.
Tengo un viaje pendiente con mis amigas desde 2019, en 2020 llegó el Covid y hasta hoy. Y claro, en casi 5 años pues han pasado cositas: alguna se ha casado, otra se ha separado y varias nos hemos convertido en mamás. Así que, si ya era difícil planificar unas vacaciones entre amigas, ya con hijos de por medio es misión imposible.
Pero cuando logras vencer a todos estos inconvenientes que te han ido surgiendo y, por fin, os vais de vacaciones juntas, pues aparecen otros problemas, malos entendidos y situaciones tan surrealistas que te plantearás, el año que viene, irte tú sola.
Os voy a contar cómo fue el último viaje que yo me pegué con mis chicas, que como os decía, fue mucho antes de la pandemia, porque desde entonces no hemos vuelto a irnos de escapada.

Primer problema: Elegir fecha y destino
Antes de irte de viaje, ya empieza mal la cosa. Creas el típico grupo de WhatsApp llamado “Viaje de chicas”, porque, aunque tienes como cinco grupos de WhatsApp diferentes con ellas, no todas se apuntan al viaje, así que hay que hacer uno en el que solo estemos las que hemos respondido con un sí al irnos de vacaciones.
Y aquí empieza ya la guerra: yo no puedo tal fin de semana, yo prefiero esperar a que pase el verano que así sale más barato, o por qué no nos vamos en el puente y así estamos más días… Elegir una fecha en la que podamos todas es prácticamente imposible.
Una vez elegida la fecha, toca elegir el destino: una quiere playa, la otra una escapada cultural por Europa, y luego está la amiga deportista que propone una ruta de senderismo que las demás rechazamos al instante.
Finalmente, después de una guerra de memes en el chat, emoticonos pasivo-agresivos y un par de audios dramáticos, en aquella ocasión, ganó la propuesta más conciliadora: Barcelona. Teníamos sol, playa y algo de cultura.

Segundo problema: La organización y la compra
Cuando llegamos a la ciudad condal, lo primero que hicimos fue ir a dejar nuestras maletas al apartamento que habíamos alquilado. Y aquí volvió a surgir el debate: mientras unas querían irse ya a patear la ciudad y ver cosas, yo sugería primero hacer compra de comida para estos días.
Al final, fuimos a hacer la compra y, de nuevo, el conflicto de qué compramos: yo quiero comer sano, déjate de comer sano, que estamos de vacaciones; compra eso que es mas barato, aunque sea de marca blanca; a mí eso no me gusta, yo no pago eso porque no me lo voy a comer…
Tercer problema: buenos días por la mañana
Tras superar el primer día con éxito, llego la mañana del segundo día. Nos acostamos bastante tarde así que la más dormilona quería seguir durmiendo. La madrugadora estaba ya lista para seguir conociendo la ciudad, y la que eligió el destino por la playa, no estaba dispuesta a perder el tiempo viendo edificios en lugar de estar tostándose al sol.
Al final, como hablando se entiende la gente, llegamos a un acuerdo para que más o menos todas estuviéramos contentas: la dormilona se reuniría con el resto más tarde, y las demás iríamos un ratito a hacer turismo y luego a comer a la playa.

Como os lo cuento, una escapada idílica puede transformarse en una serie de peleas memorables y situaciones hilarantes que hacen que te plantees si el próximo año no será mejor un retiro en solitario.
Lo mejor de todo, es que la memoria es selectiva, y pasados unas semanas prudenciales recuerdas solo los buenos momentos y te entran otra vez las ganas de escaparte con tus amigas.
Pero la pregunta es: ¿Conseguiremos mis amigas y yo encontrar una fecha en la que poder dejar a los hijos con sus padres y escaparnos a la playa, a la montaña o adonde sea? Si al final lo logramos, os lo contaré.