Para poneros en contexto, mi madre es una señora muy mayor, fui su última hija y ella ya tenía casi 50 años. Cuando era pequeña fue al colegio lo justo para aprender a leer, escribir, sumar y restar. Se dedicó a su casa y al sector agrario cuando no criaba. Aún así, dispuso cada peseta (o euro en mi caso) para que todos estudiásemos y “fuesemos alguien de provecho”. Mi padre falleció pocos años después de mi nacimiento.

Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado

Si a mi madre le preguntas por alguna Comunidad Autónoma puede ubicarla al norte, sur, centro… pero ya en provincias está muy limitada. Eso sí, te sitúa cada pueblo de Asturias sin pestañear.

Hace unas semanas le dije que tenía novio, llevábamos ya casi un año de relación, pero no veía el momento de presentárselo a mi madre. Mis hermanos le presentaron a mi madre sus parejas casi estando prometidos, pero ahora que era mi turno y que los tiempos han cambiado… si espero al matrimonio no se lo presento nunca. Sorprendentemente le pareció una idea buenísima, fue ella la que me dio la charla de que los tiempos han cambiado y ahora lo de las bodas no se llevan, pero que ella de este mundo no se iba sin conocer a un hijo mío. Aún no le presento a mi novio que mi madre ya me hace un bombo.

En mi casa somos muy de celebraciones, por eso aprovechamos el cumpleaños de mi hermana mayor para que, después de la comida se pasara mi chico a conocerlos a todos. Él trajo un pequeño detalle tanto para mi hermana como para mi madre por acogerlo en la fiesta, además de algunas bolsas de chuches para mis sobrinos. De primeras ya tenía a la mitad de la familia conquistada.

Mi madre aceptó su regalo, pero antes de abrirlo lo posó en la mesa y le preguntó “Chicu, pero tú de ónde yes?”. Claro, para mi madre ella está hablando un perfecto castellano, pero para mi novio era otro idioma. Tuve que hacer de traductora y decirle que le preguntaba que de donde era. “Ah, soy de Jaén señora”. Después de esa afirmación el semblante de mi madre cambió durante toda la tarde.

A la mañana siguiente mi madre me cogió por banda y me preguntó que cuando pensaba decirme que estaba con un chico que no era español. Que no es que le importase, pero quería haberlo sabido con antelación. Al principio me constó entenderla “Mamá, es de Jaén”. “Ya, ya, nun fai falta que me lo repitas”. Fue uno de mis hermanos, que estaba con la oreja detrás de la puerta el que preguntó “Mamá, ¿pero donde crees que está Jaén?” “Pues onde Irak, Arabia Saudí y to eso.”

A mi hermano y a mi nos dolía la barriga y la boca de tanto reírnos. Mi madre estaba situando Jaén al lado de Irak. Vamos a omitir la parte de que no le gustaba que fuese inmigrante, porque tiene más de 80 años y es otra mentalidad. Ella respeta la migración, de hecho tuvo a muchos trabajando para ella, pero que su hija estuviese con uno, ya se le hacía más duro de digerir.

Cuando le enseñamos el mapa y le indicamos donde estaba Jaén su cara cambió. “Llama al rapaz pa que venga a desayunar, probe chiquillu.” Desde entonces mi novio viene muchas más veces por casa de mi madre, los dos se llevan muy bien aunque mis hermanos lo llaman “el árabe” para tirarles a los dos de la idea.